A partir de los tres meses, ya se puede meter al bebé en la piscina. El niño viene con una serie de reflejos que hacen más rápido su aprendizaje. La relación entre el padre, la madre y el hijo se refuerza a través de esta actividad, ya que es una experiencia original, única y que requiere de mucha confianza.

 

Pero, ¿qué otros beneficios se obtienen?

  • Aumenta el coeficiente intelectual ya que desarrollan una percepción más amplia del mundo en que viven, se vuelven más creativos y observadores. El agua estimula su capacidad de juego, lo que es muy ventajoso en su aprendizaje futuro.
  • Ayuda al bebé a relajarse, ya que elimina el estrés y la tensión nerviosa.
  • Ayuda al desarrollo psicomotor, esto es porque el agua le da la posibilidad de moverse tridimensionalmente, con mayor continuidad y libertad. Adquieren nociones de desplazamiento y distancia, que tiene como consecuencia una mayor coordinación motriz.
  • Ayuda al sistema inmunológico.
  • Desarrolla habilidades de supervivencia.
  • Inicia la socialización sin traumas en un ambiente de juego, la interacción con otros niños en la piscina le ayudarán a relacionarse mejor. Aprende a relacionarse con más confianza y a desarrollarse en grupo.
  • Fortalece el sistema cardiorrespiratorio, la actividad acuática hace al corazón y a los pulmones más fuertes por los ejercicios de respiración.
  • Ayuda al bebé a sentirse más seguro. Aprende a conocer el agua, y de ésta manera va adquiriendo una noción de sus posibilidades y limitaciones.
  • Incrementa el rendimiento muscular, la movilidad y la rapidez.
  • Mejora la movilidad intestinal e incrementa el apetito.
  • Ayuda a los niños hiperactivos a conseguir la relajación y el sueño.
  • Mejora la coordinación y el equilibrio.

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