El estado de osificación de los huesos del cráneo de un bebé es muy variable, pero en general son blandos y se deprimen con facilidad, lo cual no quiere decir que sean tan frágiles como piensan algunos padres.
El hueco entre los huesos del cráneo llamado fontanela grande (su tamaño medio es de dos centímetros cuadrados), hay tres más pequeñas: una en el cuello (de forma triangular y superficie equivalente a la yema de un dedo) y dos detrás de las orejas (en condiciones normales, muy difíciles de detectar).
La fontanela abierta proporciona al pediatra información sobre la salud del bebé; todo marcha a la perfección si la piel que la cubre apenas sobresale; sin embargo, cuando está abultada o muy hundida, puede ser una mala señal o simplemente una presión momentánea en la cabeza si inspira profundamente, grita o hace fuerza al hacer caca.
Con el calor, cuando el bebé transpira mucho y no bebe lo suficiente, hay que estar muy atentos porque la fontanela se hunde por deshidratación. Por el contrario, si hay un aumento de la presión intracraneal, la fontanela se abomba y palpita exageradamente, lo que puede ser debido a una meningitis.
Las fontanelas laterales casi no se ven ni se notan desde afuera. Y en cuanto a la pequeña, situada en el cuello, si no está ya cerrada cuando nacen, lo que sucede frecuentemente, tardan tres meses como máximo en cerrarse. La fontanela grande, que se encuentra justo arriba en el centro de la cabeza, desaparece entre el séptimo y vigésimo primer mes de vida del pequeño. Ésta, se cierra no porque los huesos crecen, sino porque el tejido existente en el hueco se hace sólido.
Traumatismos craneales en bebés
Los traumatismos craneales se pueden producir desde los primeros momentos de vida, como consecuencia de caídas desde cierta altura, golpes directos, movimientos no adecuados.
Los bebés se caen con frecuencia pero, al ser sus huesos tan elásticos, los golpes no suelen tener mayores consecuencias. Si lloran, lo hacen más bien por el susto, y la atención de mamá les devuelve la sonrisa en unos minutos. Sin embargo, las pistas sobre la posible gravedad de un traumatismo craneal vienen dadas por una pérdida de conciencia prolongada o bien un estado de apatía o adormecimiento. Nunca porque no se calme o siga llorando. En general, si se ha dado un golpe, hay que hacer una evaluación clínica; y si ha perdido la conciencia, quedará internado para un examen más complejo. Lo mismo que si tiene vómitos, porque pueden ser síntoma de hipertensión intracraneal.
No hay que dejar de avisar al médico o, si vemos que puede ser grave, llevarlo a emergencias porque, aunque no se aprecien daños exteriores, puede haberse producido una hemorragia interna.















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