Las historias son a menudo reflexiones tomadas de la vida real y aunque no necesariamente reflejan situaciones que podemos reconocer, son precisamente por eso, una gran manera de retomar sentimientos y ponerlos de manifiesto mediante otro razonamiento, una manera fácil de hacer llegar a la gente un mensaje concreto. También en el bautismo se utilizan historia con un importante valor simbólico para hablar de valores como el amor, el respeto, la fraternidad... Aquí te proporcionamos algunos ejemplos.
Extracto de "El libro del Tiempo"
"Dónde tu camino de la vida quiera llevarte, alguien estará antes y por mucho tiempo allí;
Él está en ambos lados
de todos los muros y fronteras, en todas las longitudes y latitudes.
pese a que dividimos el munde, él está en todas partes.
Él está en el norte y el sur, este y oeste,
está en luz del sol y en la noche.
Él está contigo en lo más profundo de la nieve, en las lluvias más fuertes,
en la inmensidad del mar, en la montaña más alta,
Él está contigo en todas partes.
Él mismo es el día, es la noche, ninguna fecha lo detiene,
con él saltas por encima de todas las fronteras,
pasas por todos los valles, cruzas todas las alturas.
Él está contigo hasta el final de todos los tiempos.
Él, tu Dios. "
(de F. Maibaum, „Das Zeitbuch“)
Extracto de "El Principito"
Había una vez un Principito que vivía en un planeta lejano. Este planeta era muy pequeño, no más grande que nuestra iglesia. El Principito vivía allí solo. Bueno, no completamente solo, porque en su planeta creció una rosa, una sola rosa.
El príncipe amaba a su rosa por encima de todo. Cuando estaba triste, él la consolaba; cuando el viento soplaba en contra de la flor, la rodeaba con sus manos; cuando una eruga quería morderle las hojas, le puso un caparazón de cristal para protegerla.
Un día el príncipe tuvo que dejar sola la rosa por un tiempo, puesto que tenía que volar hacia la tierra. Aterrizó en medio de un campo de rosas. Vio todas las rosas y se puso muy triste. "Pensaba que sólo había una rosa en el universo entero", dijo, "mi rosa. Pensé que era especial. Pero hay muchas, y todas ellas son igualmente bellas. Ya no sé porqué amo mi rosa".
En ese momento, apareció un zorro. "¿Quién eres tú?" Dijo el Principito-. "Soy un zorro," dijo el zorro-. "Ven a jugar conmigo", propuso el Principito-. "No puedo jugar contigo," dijo el zorro, "Todavía no estoy domesticado! Domesticar significa crear lazos. Tú no eres para mí más que un niño cualquiera ni yo soy para ti más que otro zorro, pero si me domesticas, seré único para ti ".
Así que el Principito se hizo amigo del zorro, estuvieron juntos durante algún tiempo. Cuando llegó el momento de decir adiós, el zorro le dijo: "Ve a ver las rosas otra vez. Vas a entender ahora que la tuya es única. "
El principito se fue a ver las rosas. ¡Entonces se dió cuenta! "Para nada sois como mi rosa", les dijo. “Sois como mi zorro. Al principio era sólo un zorro igual a cien mil otros. Pero nos hemos hecho amigos y ahora es único en el mundo. Sois hermosas, pero estáis vacías " dijo. "He regado mi rosa, le he puesto un caparazón de cristal, la he protegido del viento, he ahuyentado las orugas. Ella es mi rosa, la única”.
El principito volvió con el zorro. "Ahora ya has entendido el secreto", dijo el zorro "lo que te he mostrado es fácil: sólo podemos ver bien con el corazón puesto que todo lo esencial es invisible a los ojos". El Principito lo repitió para no olvidarse de ello: "Todo lo esencial es invisible a los ojos".
"Y hay algo más", dijo el zorro, "los hombres han olvidado esta verdad, pero nunca debes olvidarlo: Uno tiene que hacerse responsable de lo que ha domesticado, tú eres responsable de tu rosa". " Yo soy responsable de mi rosa ", repitió el Principito, a fin de recordarlo."
(de Antoine de St. Exupéry “El Principito”)
"El gigante egoísta" de Oscar Wilde
Había una vez un hermoso jardín, pero pertenecía a un gigante. Afortunadamente hacía mucho tiempo que no estaba en casa, nadie le había visto en los últimos siete años. Esto hizo que muchos niños, al no conocerle, iban a jugar en el jardín. Todos los días después de la escuela se encontraban allí.
Pero un día el gigante volvió de su viaje y les encontró a todos jugando. "¿Qué estás haciendo aquí?" gritó. Los niños huyeron asustados y no se atrevieron a volver. Para que nadie más entrase en su jardín, el gigante construyó un enorme muro alrededor del jardín y puso un cartel que decía: "Prohibida la entrada a cuaquiera" Era un gigante muy egoísta.
Después del invierno llegó la primavera. Pero en el jardín del gigante egoísta seguía siendo invierno. Una vez que una hermosa y pequeña flor empezó a salir de entre la nieve pero cuando vió el cartel se entristeció tanto que volvió a esconderse bajo tierra. Después llegó el verano pero en el jardín del gigante seguía el invierno, y cuando a fuera llegó el otoño, en el jerdín del gigante egoísta aún el granizo, las heladas y la nieve lo cubrían todo. Tanto tiempo de invierno hizo que el gigante enfermase y tuvo que quedarse en cama, muy resfriado.
Una mañana el gigante egoista escuchó una música maravillosa a través de su ventana. Era un pequeño pájaro que cantaba en el jardín. El gigante salió de la cama, miró por la ventana. Había llegado la primavera. ¿Cómo era posible?
Entonces vió que el jardín estaba lleno de niños, habían entrado por un agujero que había en el muro y ellos habían traído la primavera. "¡Qué visión más maravillosa", murmuró el gigante.
Pero allí, en un rincón del jardín había todavía frío del invierno. El gigante vió a un niño muy triste, que intentaba en vano de trepar a un árbol. Era demasiado pequeño y lloraba. "Ahora sé por qué nunca llegó la primavera", se dijo el gigante a sí mismo, bajó al jardín, cogió al niño en brazos y lo subió fácilmente al árbol.
En ese mismo instante el árbol empezó a dar flores y los pájaros empezaron a cantar. El niño abrió los brazos y besó al gigante. Había llegado la primavera.
(Resumen del cuento "El gigante egoísta" de Oscar Wilde)
Extracto de “La oración de la Rana”
Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria, el cual era, evidentemente, un excelente vendedor: en un determinado momento, soltó un globo rojo, que se elevó por los aires,
atrayendo a una multitud de posibles jóvenes clientes.
Luego soltó un globo azul, después uno amarillo, a continuación un globo blanco... Todos ellos remontaron el vuelo hacia el cielo hasta que desaparecieron. El niño negro, sin embargo, no dejaba de mirar un globo negro que el vendedor no soltaba en ningún momento. Finalmente, le preguntó: "Señor, si soltara usted el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?
El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: "No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay dentro.
(de A. De Mello “La oración de la rana”)
Lectura del Evangelio
Algunos párrocos dan también a elegir el evangelio. El más usado en los bautizos es el Marcos 10, 13-16.
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Os aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.















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