Se considera que un parto es postérmino cuando se da a partir de la semana número 42. Sin embargo, muchos médicos buscan una solución antes de que esta fecha llegue.
Lo primero que hace el facultativo es comprobar los datos referentes a la edad del feto. Echa un ojo a cuándo se producieron los primeros movimientos fetales y latidos del corazón. Además, mira la evolución del tamaño de la matriz y los datos referentes al primer análisis de sangre, prestando especial atención a los niveles de la GCh.
En segundo lugar, observa si el feto sigue creciendo en el interior de la madre. Se puede correr el riesgo de que el bebé tenga un tamaño que dificulte el parto o que el útero materno comience a ser peligroso para el feto. Puede que empiecen a escasear el oxígeno, los nutrientes y el líquido amniótico o que la placenta esté demasiado envejecida.
Si el feto viviese los últimos días de embarazo en un medio demasiado envejecido, este podría nacer excesivamente delgado, con la piel seca y las uñas y el pelo más largos de lo normal. Incluso es posible que tenga la piel y el cordón umbilical manchados de meconio, es decir, de color verdoso. Suelen tener la cabeza más grande de lo normal y han podido sufrir dificultades para alimentarse o respirar.
Por todo ello, estos bebés hipermaduros suelen estar relacionados con partos más complicados de lo normal, como por cesárea. Puede ser necesario que pasen un tiempo en cuidados intensivos. La parte positiva es que no tienen mayor riesgos que otros niños de padecer problemas de salud permanentes en el futuro.