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El parto quirúrgico es practicamente tan seguro como el vaginal y normalmente evista graves lesiones tanto en la madre como en su futuro bebé.
La mayoría de los alumbramientos por cesárea no son planeados. Las mujeres no saben que tendrán que ser operadas hasta el momento de la dilatación. Por esta razón, es imprescindible informarte sobre esta intervención antes del momento de parto. Tanto en el curso de preparación para el parto como en las visitas a tu médico sería recomendable que pidieses información.
Algunos factores pueden aumentar las probabilidades de que no puedas tener a tu niño a través de un parto vaginal:
- Que te hayan realizado una cesárea previa
- Que el feto sufra alguna enfermedad o anormalía que impidan un parto ordinario.
- Diabetes, algunas enfermedades del corazón y trastornos respiratorios si el médico decide que un alumbramiento ordinario podría ser arriesgado
- Que la madre haya sido contagida de VIH o herpes genital que se encuentre activo durante el parto
- Anormalidades en la placenta
- Cuando la cabeza del feto es demasiado grande como para pasar por la pelvis de la madre
- Hipertensión o alguna enfermedad renal cuando el médico lo crea conveniente
- Posición poco común del feto, como de nalgas o lateral, ya que podría dificultar el parto
Sin embargo, la mayor parte de las decisiones de practicar una cesárea se toman durante el parto:
- Tras 16 ó 18 horas no se podruce una adecuada dilatación. Se suele administrar oxitocina para estimularla. Si con todo ello, no se consigue, se recurre al parto quirúrgico
- Problemas de placenta no diagnosticados con anterioridad
- Sufrimiento fetal
- Prolapso del cordón umbilical , es decir, que este descienda antes que el feto. Puede causar sofimiento fetal ya que puede quedar aplastado e impedir que el oxígeno y la sangre lleguen al feto.
- Ruptura del útero. Es de extrema gravedad y requiere una rápida intervención quirúrgica












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