Llegando al séptimo mes llegas también al último trimestre del embarazo. Todo tu cuerpo está ahora trabajando para el inminente nacimiento. La retención de agua en las piernas, brazos, caderas, hombros y abdomen y la cara se ha incrementado aún más, llegas a almacenar un máximo de 2 litros más de agua. Estos están destinados a compensar la pérdida de sangre después del parto. De todas formas si tienes demasiada acumulación de agua, puede que padezcas un edema. Por su parte el edema puede ser un signo de Preeclampsia, la toxemia del embarazo.
Otra prueba de una posible toxemia es la inflamación del cuerpo, dolores de cabeza y dolor en la zona derecha superior del abdomen. Es aconsejable descansar a menudo las piernas en alto y beber al menos 2 litros al día. Si los síntomas persisten más de 24 horas, consulta inmediatamente a un médico, ya que una preeclampsia lleva a menudo a nacimientos prematuros.
Tumbarse y dormir
En esta etapa del embarazo cada posición de tu cuerpo te parece dura y pesada, incluyendo estar tumbada. Si estás acostada es posición decúbito supino, es arriesgado porque puedes padecer el síndrome de vena cava inferior: si te acuestas sobre tu espalda, el bebé empuja el riego sanguíneo hacia el corazón, por lo que puedes sentir mareos, náuseas y palpitaciones. Por lo tanto se debe evitar el decúbito supino y, en cambio, tumbarse de lado. También puedes utilizar una almohada, te la colocas entre las rodillas para estar más cómoda. Por la noche, tienes cada vez más sueños confusos sobre el nacimiento de tu bebé, porque los sueños son una manera de dar forma a tus miedos, expectativas y temores.
Otros cambios físicos
También ocurren otros cambios físicos: tus pechos y los pezones siguen creciendo, igual que tu trasero, los muslos y el estómago pues sino tu vientre no cpodria crecer. Alguna mujeres ganan unos 500 gramos por semana. Tu ombligo es plano y puede que salga hacia fuera.
Puedes tener la sensación de que tienes piedras en el estómago y sufres de acidez estomacal debido a que el bebé empuja el estómago hacia arriba. El útero pesa alrededor de medio quilo y se ha vuelto tan grande que es palpable en el borde superior de la barriga, entre el ombligo y el esternón. Empuja el diafragma hacia arriba, la cavidad torácica, y los pulmones se reducen. Esto puede conducir a la falta de aliento, pero aún debes respirar profundamente para subministrar a tu bebé la cantidad adecuada de oxígeno.
Tu vientre ha crecido tanto que tienes que andar con las piernas un poco abiertas, si te hacen bromas quizá digan que andas como un pato.
Una vez que el útero empiece a contraerse vas a notar las primeras contracciones de Braxton Hicks, aunque te sorprenda vas a sentir cierto alivio, porque la cabeza del bebé es empujada hacia abajo, hacia la pelvis en la posición de parto, de modo que tu vientre se desliza poco a poco hacia abajo de nuevo. En comparación con las contracciones verdaderas, las contracciones de Braxton Hicks son cortas e irregulares, y si te das un baño caliente van a reducir, a diferencia de las contracciones reales. Sin embargo, no todas las mujeres tienen contracciones de Braxton Hicks.
Además, el bebé presiona sobre la vejiga y el suelo pélvico, por lo que sientes un deseo frecuente de orinar. Debido a que el tejido se relaja por la expansión, la retención ya no es tan correcta. Muchas mujeres embarazadas padecen en este periodo de incontinencia. Puede ser que al más mínimo movimiento pierdas unas gotas de orina, y no es seguro que después del parto desaparezca, asi que debes trabajar tu suelo pélvico. Se recomiendan hacer regularmente unos ejercicios para fortalecer el suelo pélvico. Además, cerca del parto tienes hasta un litro y medio más de sangre en el cuerpo y por ello tu corazón tiene que bombear mucho más fuerte. Si normalmente llevas lentillas, será mejor que durante el embarazo utilices gafas, los cambios hormonales del embarazo pueden hacer que se reduzca el líquido lagrimal y las lentillas podrían dañarte los ojos.












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