
Para asegurar todo esto es necesario prestar atención al número del zapato para que no le apriete el pie al bebé ni por el contrario, le quede tan grande que no le asegure la estabilidad.
Aproximadamente entre los 11 y los 14 meses la mayoría de los niños comienzan a caminar. En este momento los pies del bebé han de soportar, durante el tiempo que esté de pie, el peso de su cuerpo. Los primeros zapatos del bebé tienen el objetivo de proteger el pie y proporcionar equilibrio y estabilidad para que el niño se sienta seguro, al tiempo que favorecer el buen funcionamiento y desarrollo musculoesquelético.
Hemos de tener en cuenta que se trata de unos pies todavía vacilantes, que podrían adoptar vicios o posturas forzadas por la sobrecarga a la que están sometidos por primera vez, así que el zapato debe adaptarse muy bien a ellos. Deben ser suaves, cómodos y dejar libres las articulaciones para permitir la libertad de movimientos.
Se ha de encontrar el equilibrio entre flexibilidad y firmeza, ya que al tiempo que se adaptan a sus movimientos, los zapatos han de sujetar el tobillo, y es fundamental que estén reforzados en la puntera y el contrafuerte para proteger al pie de posibles traumatismos.


















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