
Se calcula que los niños en edad escolar pasan alrededor de 12.000 horas de su vida en el colegio. Su gasto calórico durante el día de clases es de aproximadamente el 40% de los requerimientos diarios. El 93% de los adolescentes en edad escolar consumen bebidas gaseosas a diario, unas 20 cucharadas de azúcar de más.
Durante las horas de clases el niño es libre de elegir lo que quiere comer, ya que en las cercanías de la mayoría de escuelas existen kioscos que ofrecen justamente lo indebido y no comida nutritiva de calidad. Al igual que en el mundo adulto consumimos café y otros estimulantes para soportar la rigidez del injusto día a día, los pequeños, obligados a estar dentro del recinto escolar tantas y tantas horas de su vida, buscan evadirse de la prisión a través del azúcar.
La responsabilidad de los nutricionistas es crucial, centrándose en dar los mejores modelos de dietas. Pero al mismo tiempo, se trata de un problema de fondo, sistémico, pues el confinamiento en las aulas y posteriormente en el puesto de trabajo, es el que nos lleva a estas deformaciones de la conducta.
Con el mal llamado desarrollo, hemos conseguido alargar la media de vida en una mínima parte del planeta, en el norte occidental rico, a cambio de interminables jornadas laborales. Es decir, no sólo todos los avances no han servido para librarnos del trabajo, sino que además lo han extendido a las edades más tempranas, obligando a los niños, cuyo trabajo está prohibido, a permanecer la mitad del día en los mejores casos, realizando un trabajo intelectual.
Según la edad del escolar
El cerebro es el órgano que más glucosa consume, aproximadamente un 25% de nuestra dieta. Dependiendo de la actividad que esté realizando en ese momento, nuestros escolares desarrollan una actividad cerebral intensa, por lo que se recomienda que la merienda contenga muchos carbohidratos, pero sin azúcares simples como las popularmente conocidas chucherías, sino con aquellos carbohidratos con fibra como los cereales que permiten un aporte de glucosa sostenido y continuo.
Además, el crecimiento es más intenso durante la edad escolar por lo que todas las meriendas deberían contener un tipo de proteína de alto valor biológico como huevos, lácteos, carnes o frutos secos. Las grasas, además de ser una fuente extra de calorías, ayudan a sentir saciedad y además son muy necesarias en el proceso de desarrollo cerebral y participan en la construcción de las membranas celulares.
Pero no deben excederse y, sobre todo, deben ser de origen vegetal o grasas insaturadas por los omegas: pescado, aceitunas... No olvidéis algo que resulta muy importante: es que la merienda no debe reemplazar al desayuno, comida, ni cena, sino que es en sí misma una comida más para un momento de gran gasto calórico.












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