Es necesario que la separación reproduzca como un pasaje y no como una ruptura. Los "abandonos" con la cuidadora deben ser progresivos y evolutivos, los tiempos deben comenzar siendo cortos e intensificándolos poco a poco.
El bebé debe socializarse con la persona sustituta de la madre, pero junto a ella. Compartir momentos con ambas, en los que la madre la nombra, la incluya y le permita asistirlo en su presencia.
Durante el periodo de transición de la madre al cuidador, la madre no debe permanecer pasiva. Debe participar con actos y con palabras entre él y los otros niños, entre él y la maestra, si se trata de una guardería, o entre él y la niñera o persona que se vaya a hacer cargo de él durante el periodo de ausencia
La interactuación entre los tres o entre la mamá y el nuevo entorno (en el caso de la guardería), es fundamental para que luego tenga en este espacio "vivencias con mamá" y no se sienta en un lugar desconocido.
Lo que importa es asegurar el lazo simbólico, esto implica hablarle de lo que se hace y de lo que se hará con él, así todo el espacio que ella ha "mamaizado" se vuelve seguro.
Suele suceder que algunos objetos son privilegiados para el niño y pueden jugar un papel fundamental en el momento de la separación. Es muy positivo llevarlos a la guardería o tener especial contacto con la cuidadora. No hay objetos iguales para todos los niños, pueden ser desde un muñeco hasta una mantita que utiliza a la hora de dormir.
Cuando la madre regresa a buscar al bebé, o aún si es un niño muy perqueño, éste necesita tiempo para reconocer su voz, su olor y su ritmo. No hay que mimarle en exceso con besos y abrazos, si no también hablarle, vestirlo, hablar con la persona sustituta de lo sucedido a lo largo del día... El tacto y la voz lo llevaran a reconocer a su madre y reencontrarse con ella. Así al llegar a la casa retomar el vínculo es más fácil.





















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