Quienes tienen pies planos lucen un andar algo desgarbado y gastan mucho la suela de los zapatos, pero la cosa no pasa de ahí. El tratamiento de los pies planos es controvertido. Para algunos especialistas, las plantillas y zapatos ortopédicos, al no corregir la deformidad, no sirven apenas para nada. Sólo consiguen aliviar en algo las molestias y conservar lo que se va ganando poco a poco con el ejercicio y la marcha. " El molde da forma a la tarta, pero no la hace". Algo similar ocurre con las plantillas y zapatos ortopédicos.
Lo mejor, sin duda es hacer ejercicios específicos con el pie, y que los niños caminen descalzos por terrenos blandos, arenosos e irregulares, que obliguen a sus pies a hacer fuerza, a practicar la garra, a adaptarse al terreno. Sólo un 2% de los pies planos infantiles requieren tratamiento quirúrgico. El más eficaz es la "operación calcáneo-stop", que consiste en introducir un tornillo en el calcáneo que obliga a modificar la posición del pie y contrarresta la pronación.
Esta intervención, sencilla y poco cruenta, se realiza cuando el niño alcanza los 10 años. Al día siguiente o a los dos días, los operados ya están andando. En los casos más severos (poco frecuentes), se combina esta intervención con un alargamiento del tendón de Aquiles.
El pie cavo
El pie cavo es lo contrario del plano: el arco longitudinal es muy acusado, y la superficie de contacto del pie con el suelo es mínima. Se piensa que esta deformidad se origina en un incremento del tono de los músculos, que ejerce una tensión anómala en la bóveda plantar, a la que termina deformando. Tampoco tiene gran repercusión, pero puede causar molestias en las zonas de apoyo cuando se está mucho tiempo de pie o si se camina una larga distancia. A quienes tienen pies cavos, dar con zapatos cómodos les resulta difícil.
Es frecuente que les causen dolor en el empeine, normalmente elevado. Los de piel flexible y de tipo mocasín, sin cordones, suelen adaptarse mejor a los pies cavos. Las plantillas y otros artilugios de relleno como las cuñas, sirven de poco para corregir la deformidad, si bien mejoran el apoyo y pueden ayudar a reducir las molestias, aunque paradójicamente resulten incómodas de llevar. Los ejercicios específicos, para robustecer la zona afectada, la que rodea a los tobillos, son lo más recomendable.





















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