La primera es un pie que mira hacia adentro y la afección es, en la mayoría de los casos, leve. Para corregirlo, es suficiente una movilidad pasiva del pie desde el mismo nacimiento, efectuada todos los días por un fisioterapeuta bajo la dirección del ortopeda. Esta movilización pasiva basta para corregir la mayoría de los casos. En los severos, se recurre al yeso corrector durante una o dos semanas en el pie, para después utilizar férulas y botas de horma especial.
Diagnosticados precozmente y bien tratados, todos los casos de metatarsus adductus se resuelven satisfactoriamente.
El pie zambo
El pie zambo es otra anomalía que se observa nada más nacer el bebé. Es un pie deforme extendido, mirando hacia adentro, e invertido parcialmente. Puede afectar a uno o los dos pies y su origen no está suficientemente aclarado. El tratamiento para corregir los pies zambos se inicia al nacer.
El bebé soportará yesos durante varios meses, y se los irán cambiando cada 7 días. Transcurridos esos meses, el tratamiento sigue con férulas y zapatos ortopédicos. Si con estas medidas el defecto no se corrige, queda la cirugía.
Cuando nace, el ser humano no tiene un pie configurado; en el bebé los arcos del pie no son perceptibles. Solamente cuando el niño ha adoptado la posición de pie y se aplican a este los esfuerzos de las tensiones derivadas del soporte del peso y la marcha, se empiezan a hacer aparentes los arcos, especialmente el longitudinal. Durante los primeros años de vida, el pie se encuentra en periodo formativo. Al principio, es una estructura muy flexible que no ha desarrollado la fortaleza necesaria, por lo que cualquier tensión anormal que se ejerza sobre él supone sobrecargas indebidas que serán mal toleradas.





















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