La separación física entre una madre y su hijo es bastante obvia: empieza con el parto y termina cuando se corta el cordón umbilical. En cambio, la separación psicológica de la madre y el hijo es como un intrincado baile donde él marca el ritmo que ella debe seguir.

Una separación sin traumas se realiza gradualmente de su madre y aprendiendo que puede hacerlo sin sentir pánico. Poco a poco, y en la medida en que aprende que ella va a estar siempre allí cuando él vuelva, va adquiriendo confianza para estar sin ella. Y es precisamente cuando la madre y el bebé están separados que éste llega a tener conciencia de sí mismo.

Es muy importante, que después de cada separación se compensa al pequeño con un beso y un abrazo. De esta forma refuerza los primeros intentos que su hijo hace para echar vuelo. Por otra parte, confirma el vínculo que hay entre los dos, a pesar de la distancia, y le hace saber que el reencuentro siempre se va a producir.

Toma nota:

  • Es posible que la separación no se produzca gradualmente, con lo que es necesario preparar al bebé en casa.
  • Cuando te separas de él, empieza a tener conciencia de sí mismo, lo que es muy positivo para su formación.
  • La separación le da en cierto sentido, confianza en sí mismo.
  • Enseña a tu hijo a tener confianza en sí mismo antes de la separación, anímale a que haga cosas el solito.