
La somnolencia diurna, el cansancio, o la fatiga son signos de un sueño insuficiente o inadecuado en una mujer cada vez más incorporada a la vida laboral y por lo tanto con un nivel muy superior de estrés al de la mujer de hace unos años. A medida que las mujeres entran en años, los cambios físicos y hormonales afectan a la calidad del sueño. En cuanto a las mujeres mayores y de la tercera edad, muestran un sueño poco profundo y son más propensas a los despertares nocturnos. Trastornos emocionales como la depresión, la ansiedad o el estrés, enfermedades físicas, como la artritis, artrosis, desórdenes respiratorios y los bochornos de la menopausia, también provocan problemas en el dormir. Por tanto, es de suma importancia que las mujeres se preocupen de la calidad de su sueño.
El ciclo menstrual
Las distintas fases del ciclo menstrual provocan diversos cambios en los patrones de sueño. En algunas mujeres, durante el período premenstrual ocurren ciertas alteraciones, como despertares nocturnos. Otras, durante estos días padecen de somnolencia diurna excesiva, fatiga y duermen por más horas. Los cambios en los patrones de sueño con frecuencia se asocian con otros síntomas premenstruales.
Por ejemplo, calambres abdominales, irritabilidad, excesivo deseo de comer y cambios de humor. Estos problemas de sueño desaparecen comúnmente pocos días después de que se inicie el ciclo menstrual. Es recomendable tener un horario regular para levantarse y acostarse, una dieta saludable y evitar el estrés. Si los problemas de sueño interfieren con su desempeño diario, pide ayuda a tu médico.
Durante el embarazo
Durante la gestación, las mujeres se sienten muy fatigadas en el día y confirman que necesitan dormir más horas. Este es un cambio universal en el requerimiento de sueño y probablemente es causado por el aumento de los niveles de la hormona progesterona durante el embarazo. Por el contrario, en el último trimestre del embarazo las futuras madres informan de una deficiente calidad de su sueño. Varios estudios han confirmado que ocurren algunos cambios en los patrones del sueño: la cantidad de sueño profundo disminuye y se incrementan los despertares nocturnos.
Existen muchas causas para el sueño interrumpido en las últimas etapas del embarazo. Por ejemplo, hay calambres, dolor de espalda, ardor de estómago, más movimientos del feto y aumento de la frecuencia de orinar. Asimismo, todos estos factores contribuyen a incrementar el malestar general producido por el tamaño del bebé. Tras el nacimiento del niño, el estrés físico del embarazo que afecta al sueño es reemplazado por las demandas de la lactancia. El horario de mamar varias veces por noche incrementa los despertares nocturnos.
Se recomienda que, durante el embarazo la mujer se preocupe de obtener un sueño reparador y suficiente, lo cual se logra manteniendo horarios regulares para levantarse y acostarse. Se aconseja a las embarazadas aprender técnicas de relajación muscular, ya que son muy efectivas para promover un buen sueño y reducen las incomodidades que acompañan la gestación del hijo. Tambièn es importante seguir una dieta equilibrada, evitando los alimentos muy condimentados que provocan ardor de estómago.





















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