Cuando las bacterias se exponen varias veces a los mismos antibióticos, tanto en niños, como en bebés como en personas adultas, se hacen más fuertes y los antibióticos ya no pueden combatirlas más. Estos antibióticos matan muchas bacterias pero, normalmente, no las matan todas y cuando se termina de tomar el antibiótico, quedan todavía algunas de ellas que serán capaces de resistir el antibiótico en un futuro.
Si le das el antibiótico incorrecto
Puede que la infección se prolongue si los niños toman antibióticos que no son capaces de combatir las bacterias y empeorar en lugar de mejorar. Por ello debes proporcionar a tu hijo antibióticos solo para tratar enfermedades causadas por una bacteria como la faringitis o las infecciones del tracto urinario o las infecciones de oído. Por otro lado, debes evitar darle antibiótico con los resfriados o la gripe ya que son enfermedades que no están producidas por bacterias sino por virus. En el caso de estas enfermedades, lleva a tu hijo al pediatra y pídele consejos para hacer que el niño se sienta mejor.
Cómo darle el antibiótico
Para darle antibióticos a tu hijo, sigue las instrucciones, intenta que lo tome todo y no lo guardes para la próxima vez que enferme para evitar que aumente la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Otras cosas que puedes hacer es “obligar al niño” a que se lave las manos con agua y jabón antes de comer y después de usar el baño; esto le ayudará a mantenerse sano y a prevenir la propagación de las bacterias y los virus.
Por último, asegúrate de que tu hijo tiene puestas las vacunas necesarias para protegerse contra las enfermedades.
Y si estás embarazada…
Si estás embarazada, tienes que saber que es preferible que no tomes antibióticos durante la gestación y mucho menos que te auto-mediques. Si es necesario y si padeces algún tipo de padecimiento durante tu embarazo, pide consejo a tu médico. Esta recomendación se hace porque los antibióticos pueden pasar al feto ya sea por efecto directo, por efecto sobre la placenta o por efecto sobre la propia madre, y provocar malformaciones en el bebé o dificultar el intercambio de nutrientes.
En el caso de la aspirina, puedes tomarla sin abusar en la última etapa de tu embarazo aunque recuerda que puede provocar exceso de sangre en el parto, por lo que tampoco es muy recomendable. Si estás en pleno proceso gripal o catarral, puedes tomar paracetamol ya que no tiene efectos teratogénicos.






















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