A esta edad, le empiezan a salir los dientes al niño, lo que significa que el tipo de comida que se le dé, podrá afectar a su salud dental. De hecho, se ha afirmado que existe una relación entre el consumo de bebidas azucaradas durante la infancia y el consumo de alimentos con altos contenidos de azúcar.
No abusar del azúcar
El consumo excesivo de azúcar durante la infancia puede provocar dependencia en el adulto, por eso es necesario que el bebé desarrolle hábitos sanos en su salud dental. Según algunos estudios, el azúcar provoca caries durante toda la vida y cuanto antes se acostumbre al bebé a tomar azúcar, más probable será que cuando sea mayor, se sienta atraído por alimentos que contengan más azúcar. Los zumos de fruta, por ejemplo, contienen grandes cantidades de azúcar y pueden provocar erosión en el esmalte de los dientes.
No dejes nunca que tu bebé se duerma con un biberón de zumo. De hecho, no es nada recomendable que el bebé tome una misma bebida (a no ser que sea agua) a lo largo del día ni a la hora de acostarse. No olvides que también tendrás que tomar precauciones si has de proporcionarle medicamentos con azúcares a la hora de acostarse, pues también podrían provocarle caries.
El hábito de cepillar los dientes de forma regular y eficiente se convierte en una solución para ayudar a los niños susceptibles al problema.
Cómo cepillar los dientes de los niños
Lo recomendable es que los niños se laven los dientes tres veces al día; sin embargo, si has de hacerlo tan sólo una vez, es recomendable que sea por la noche, justo antes de ir a dormir. A los dos años, el niño tiene la mayoría de sus dientes y es en este momento cuando puedes empezar a ponerle pasta dental en el cepillo. Cuando son pequeños, por la noche es recomendable que le cepilles los dientes tú misma para asegurarte de que su boca se queda limpia antes de ir a la cama; por la mañana puede hacerlo él para que se vaya acostumbrando.
Al principio, puede ser que, sobre todo los más pequeños, se resistan a esta sana rutina. Oblígale de una forma inteligente y haz que se acostumbre. Si es necesario, distráelo diciéndole que sus dientes son muy bonitos pero que tiene que eliminar los “bichitos malos”. No tiene que ver el proceso de higiene como un castigo sino como algo necesario. Aunque parezca un poco duro, piensa que merece más la pena pasar un mal rato que tener que acudir al dentista para que resuelva los problemas de caries que tú misma podrías haber evitado.






















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