NetMoms ¿Cuándo decidiste quedarte embarazada? ¿Lo buscábais?
No lo buscábamos, y ni siquiera estaba en nuestros planes a mediano plazo. De hecho hacía ya 9 meses que estábamos viviendo separados (por decisión mía), para darnos un tiempo y espacio, que nos hacía falta. Pero pasó y fue bienvenido. Al principio me quedé helada cuando vi el resultado del test de embarazo... lo llamé a su casa y le dije “te acuerdas que te dije que te pusieras aquello (refiriéndome al preservativo)?” y creo que con eso se dio cuenta de lo que pasaba. Después lo pensé mejor y me habría encantado verle la cara que ponía, pero bueno, ya estaba dicho.
Le pregunté si quería seguir, y él me hizo la misma pregunta, a la que respondí que sí… y así decidimos ponernos con ello.

NM ¿Cómo transcurrió tu embarazo?
Muy bien. Al principio alguna cosita, pero muy leve, tipo náusea, que si no fuera porque la dejé reflejada en el blog ni me acordaría. Lo que sí notaba yo era preferencia por determinadas comidas en las distintas etapas.
Creo que el cuerpo es sabio y hay que saber escucharlo. Sabe lo que te pide y en los momentos que lo necesita.

NM ¿Cómo fue el parto?
Toda una aventura. Para empezar, el día que me puse de parto tuve monitorización en el Hospital Clínico (el que me correspondía por la zona) y fui. Antes de salir para el hospital, cuando fui al baño por la mañana, noté que expulsaba algo, que resultó ser el tapón mucoso. No le dí demasiada importancia porque sabía que eso indicaba que el momento estaba cerca, pero no inminente…y me equivocaba. Desayuné, llamé a mi marido para decirle lo del tapón y salí sin preocuparme ni nada. Mientras iba en el metro, notaba yo dolor en el estómago, pero se lo atribuía a que me había caído un poco mal el desayuno.
Poco después de llegar al hospital ya me sentía francamente mal. No se me pasó por la cabeza en ningún momento que iba a tener a mi bebé hasta que entré y, con la faja de los monitores puesta, la matrona me gritó: “¡cómo había estado tanto rato esperando! ¡Estás de parto!”

De inmediato me pasaron con el ginecólogo (un bestia que faltó a la clase de “cómo tratar a las parturientas”), me metió mano y me dijo que tenía 2 cm de dilatación, por lo que la matrona indicó que ya me dejarían ingresada y que llamara a quien fuese a estar conmigo. Cual fue la sorpresa de la matrona cuando le dije que no, que de dejarme ingresada nada de nada, o por lo menos (mi excusa) hasta que llegase mi marido. En fin, que salí a la sala de espera de nuevo, mientras esperaba a la matrona para subir para otra exploración y llamé a mi chico para decirle que se viniera “pitando” para el hospital, que me querían ingresar y que me fuese a rescatar.
Después de un rato subimos, y cuando otra matrona me hizo la segunda exploración (con más delicadeza que el gine-bestia de antes) le indiqué si me podían derivar al Hospital de Alcorcón, donde yo ya había decidido que quería parir. Me preguntó que por qué quería ese otro hospital y le dije que “porque son más respetuosos y dan más opciones a la mujer”. Fue a consultar con el ginecólogo jefe y ante la negativa de quedarme yo ingresada me dijeron que lo único que podían hacer era darme el alta voluntaria, que me quedase en la sala de espera y si rompía aguas me ingresaban, y si no, que hiciese lo que quisiera. Encantadísima firmé el alta voluntaria y me fui a la sala de espera, a llamar a Leo (mi marido) y preguntarle por dónde estaba.  En la última llamada cuando me dijo que ya estaba en Moncloa (la estación de metro) me dirigí a los ascensores y bajé a esperarlo. Se tardó un rato, o eso me pareció a mí, y cuando lo ví le pregunté que dónde había dejado el coche, a lo que respondió que como por allí es muy difícil estacionarse y no sabía lo que se iba a demorar en rescatarme, que lo había dejado en Laguna.
Yo no estaba para mucho caminar en ese momento, así que fuimos a la parada de bus para llegar más rápido hasta el Metro. De allí bajamos hasta el andén y nos metimos en el tren que, por suerte, tenía el aire acondicionado a tope. En Laguna, subir hasta la superficie (varias escaleras mecánicas y un ascensor interminable) y coger el coche.
Le dije que pasásemos por casa a buscar el bolso (que afortunadamente había cerrado la noche anterior) y recoger mis cosas… pero (ooopss) “no queda casi gasolina, ¿da tiempo?” dijo él… “Claro que da tiempo… prefiero parir en el camino a la gasolinera que quedarnos tirados en la carretera, que venga una ambulancia y me regresen al Clínico”.
Cuando terminamos todo eso, por fin, fuimos al Hospital de Alcorcón, por la puerta de urgencias… y me ingresaron sin problemas. Ya llevaba 3 cm de dilatación, buena dinámica de parto con contracciones cada 2 minutos y medio, aunque no había roto aguas aún.
Me pusieron la epidural (aunque fui con la intención de no ponérmela, pero me convenció la matrona), pero yo seguía sintiendo todito. Cuando se lo dije a la matrona llamó de nuevo al anestesista y me pusieron otra ración… que tampoco me hizo ni cosquillitas, así que seguí sintiendo todo todo todo.
Pasaron las horas, minutos y segundos que parecían ser eternos.
Cuando por fin me dijeron que me llevaban al paritorio, a mi marido le dieron la ropa verde para que se pusiera y me acompañara… me trasladaron, cambié de camilla y al ratito llegó Leo.
Eran las 22:30 cuando me trasladaron. Sólo recuerdo 3 empujones a partir de ahí. El primero bien fuerte… con el segundo dí un grito enorme y la matrona me dijo que no gritara, a lo que respondí que me apetecía (vaya cosa que me dijo en ese momento… yo solo seguía mis instintos), y con el tercero ya salió, con ayuda de la matrona que se me puso encima (cosa que luego me arrepentí de haberla dejado). No dio tiempo de hacer episiotomía (por suerte) aunque sí tuve desgarro del que me curé sin enterarme.
Enseguida de salir me pusieron a Lucía encima del pecho (piel con piel) y la empezaron a secar, pero enseguida le pedí la toallita y yo me encargué de secarle la cabecita. Casi no lloró, en cuanto me la pusieron encima se calló y se quedó dormidita… pero luego, bajo la supervisión de Leo, la llevaron hasta la báscula, la pesaron y midieron, le hicieron el test de Apgar, le pusieron el pañal, y la envolvieron, y enseguida me la devolvieron. Mientras a mi me iban dando los puntos en el desgarro.

NM Eres originaria de Uruguay pero vives en Madrid, ¿cómo es la vida de una madre inmigrante en España?
Tengo la buena costumbre de adaptarme con facilidad a las nuevas situaciones, así que no me supuso gran esfuerzo coger el ritmo a la vida en Madrid.
Además tengo a favor que no vine sola, por lo que siempre tuve apoyo.
A los 3 meses de llegar conseguí trabajo  y desde entonces casi no he parado. Actualmente me dedico a dar formación informática a empresas, y me va bien. Coon la maternidad me ha resultado un poco complicado compaginar todo, pero me las voy arreglando, entre la guardería y algunas amigas.

NM ¿Cómo es criar a tu hija en un país diferente al tuyo? ¿Encuentras muchas diferencias?
No puedo hacer una comparación porque no sé cómo sería hacerlo allí. Además cuando estaba allá mi forma de pensar era otra, mi carácter y una serie de cosas que cuando llegué aquí cambiaron.
De todas formas, supongo que sí sería diferente.

NM Vemos que te encanta compartir muchos artículos sobre maternidad en el foro con las otras NetMoms...
Si, es cierto. Encuentro artículos muy interesantes para publicarlos y me gusta compartirlos. La información es una herramienta muy útil, sobre todo en una sociedad donde se suele tratar a la parturienta como un títere al que se le puede hacer lo que le venga en gana  a los médicos. Ojo, no digo que todos lo hagan, pero por los relatos que leo y escucho, es lo usual.
Una mamá me contaba el otro día en el parque, que estuvo 48 horas con contracciones, tumbada en la cama del hospital, con la epidural, y que justo cuando la llevaron al paritorio el efecto de la anestesia se le pasó pero sólo en el lado izquierdo. Ante esto la enfermera le ató la pierna para –según dijo- “evitar que intentara cerrarse de piernas cuando el bebé estuviera saliendo”. Si eso no es tratar como un trozo de carne inconsciente de lo que está pasando, no sé yo. Esto fue en el Hospital de Torrevieja, para más datos.

NM Hace poco tu hija cumplió su primer año, ¿cómo fue su cumple?
Me hizo mucha ilusión prepararle algo, la comida, los  globos, hacer las compras y todo eso. Sólo vinieron unos familiares y amigos, pero fueron suficientes para que ella notara que era un día especial.

NM ¿Queréis repetir la experiencia? ¿Tienes pensado tener más hijos?
Si fuera por mi, sí que repetiría pero la situación económica está un poco complicada. Si me gustaría darle un hermanito o hermanita a Lucía. Cada dos por tres le digo a Leo que si nos tocara la lotería lo encargaríamos enseguida ¡Sin esperar ni un segundo!
Personalmente, la experiencia del embarazo me gustó mucho, me sentía bien teniendo a mi bebita dentro, estaba orgullosísima de exhibir mi tripa por todos lados, y de ir a trabajar con ella. Lo repetiría muchísimas veces si fuese posible.

NM ¿Qué sientes viendo evolucionar y crecer a tu hija día tras día?
Orgullo, de verla cómo crece y aprende de todo. Y pensar que estaba en mi interior y ahora está enorme, y ya tiene un añito. Orgullo también por sentir que lo estoy haciendo muy bien, cosa que en algún momento pude llegar a dudar, pero que al final ha salido todo perfecto

NM ¿Cuál ha sido el reto más importante al que te has enfrentado como madre?
El estar sola. Fue complicado al principio, pero es gratificante la tranquilidad que tenemos. Aunque nos vemos a diario (con mi marido) y me ayuda en muchas cosas, seguimos así por decisión de ambos.
Sobre todo al principio fue difícil, el acostumbrarme a los horarios de Lucía (diurnos y nocturnos), el intentar retomar mis actividades habituales (limpiar, cocinar, ducharme) porque había momentos en los que si me separaba un ratito se ponía a lloriquear, o que se prendía de la teta y no la soltaba más.
Pero no me puedo arrepentir de nada en absoluto. Todo lo que he aprendido y sigo aprendiendo gracias a esta experiencia no tiene precio.

 

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