Artículo: La Declaración de Fortaleza, recomendaciones sobre el nacimiento y lo poco que hemos avanzado

En abril de 1985, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de Salud organizaron una conferencia sobre la tecnología apropiada para el parto en Fortaleza (Brasil), con la asistencia de comadronas, obstetras, pediatras, epidemiólogos, sociólogos, psicólogos, economistas, administradores sanitarios y madres.

De allí surgió la conocida como “Declaración de Fortaleza”, con las recomendaciones sobre el nacimiento.

La declaración fue fruto de un cuidadoso análisis realizado por expertos de todo el mundo, y ha sido adaptada por muchos organismos como modelo a seguir para que se produzca un parto normal y respetado.

Sin embargo, 25 años después, estos puntos que toda mujer debería conocer no parecen haber sido asumidos en muchos ámbitos, empezando por el hospitalario que es donde la mayoría damos a luz. La Declaración de Fortaleza incluye aspectos sobre los que tratamos frecuentemente en nuestras páginas.
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No obstante, nunca está de más recordarlos y reivindicarlos. Éstos son los puntos fundamentales de la Declaración de Fortaleza sobre cómo ha de ser un parto y algunos comentarios nuestros al respecto.

* Se debe animar a las madres y a sus familias a practicar el auto cuidado en el periodo perinatal, y a reconocer cuándo necesitan ayuda y de qué tipo para mejorar las condiciones del embarazo, parto y puerperio.

* Los grupos de ayuda mutua entre madres ofrecen un valioso apoyo social y una oportunidad única para compartir información sobre el parto. Que la madre no se sienta sola, que pueda compartir miedos y experiencias, es fundamental en este periodo tan delicado.

* Toda mujer debe ser informada de los distintos métodos de atención al parto, para que pueda elegir el tipo de parto que prefiera. Sin embargo, muchas veces desconocemos las opciones, o nos dan miedo, o no tenemos recursos económicos para lo que desearíamos. Como hemos comentado, en ocasiones el lugar donde la mujer debería dar a luz no es el que puede escoger.

* Los sistemas “informales” de atención perinatal (como las parteras, matronas o comadronas tradicionales) deben coexistir con el sistema oficial. Añadiría que en contextos en los que es posible, cada vez más, existen cualificaciones profesionales para estos oficios que merecen respeto, y deberían ser vistos como agentes colaboradores en los partos. Un ejemplo es la valiosa labor de las matronas en Atención Primaria. Muchas veces las matronas pueden ser la mejor opción de atención a la embarazada.

* Los profesionales de la red asistencial deben conocer técnicas de comunicación para promover un intercambio respetuoso de información con las embarazadas y sus familias. La relación entre los profesionales del parto y las familia debería ser cordial y respetuosa.

* Un miembro elegido de la familia de la mujer debe tener libre acceso durante el parto y todo el periodo postnatal. Además, el equipo sanitario también debe prestar apoyo emocional, pues de poco sirve tener una persona cercana si el resto está “en contra” o no contribuye al bienestar psíquico de la parturienta.

* Las mujeres que dan a luz en una institución deben conservar su derecho a decidir sobre vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta y otras prácticas culturalmente importantes.

* El recién nacido sano debe permanecer con la madre siempre que sea posible. Debe recomendarse la lactancia inmediata, como hemos visto tantas veces para construir la base de una lactancia exitosa.

* No se recomienda colocar a la embarazada rutinariamente en posición de litotomía. Cada mujer debe decidir libremente qué posición adoptar durante el parto. Tal vez este punto sea el que sigue menos respetado, junto el que sigue. A la falta de información sobre las distintas posturas para parir se une el rechazo de buena parte del personal médico a cambiar de hábitos.

* Debe protegerse el perineo siempre que sea posible, por lo que no está justificado el uso sistemático de la episiotomía.

* No existe evidencia de que la monitorización fetal rutinaria tenga un efecto positivo sobre el resultado del embarazo. La monitorización fetal electrónica sólo debe efectuarse en casos cuidadosamente seleccionados por su alto riesgo de mortalidad perinatal, y en los partos inducidos.

* Se recomienda controlar la frecuencia cardiaca fetal por auscultación durante la primera fase del parto, y con mayor frecuencia durante el expulsivo.

* No está indicado rasurar el vello del pubis o administrar un enema antes del parto. Son prácticas injustificadas frente a las que muchas mujeres se sienten incómodas o violentas.

* La inducción del parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas. Ninguna región debería tener más de un 10% de las inducciones. La conveniencia de las inducciones ha sido puesta en entredicho en más de una ocasión, y es que una inducción al parto no es un acto exento de riesgos, aunque en algunas ocasiones sea necesaria y preferible, por ejemplo, a una programación por cesárea.

* Durante el expulsivo debe evitarse la administración rutinaria de analgésicos o anestésicos (salvo que se necesiten específicamente para corregir o prevenir alguna complicación).

* No está justificada la rotura precoz artificial de membranas como procedimiento de rutina.

* Algunos de los países con una menor mortalidad perinatal en el mundo tienen menos de un 10% de cesáreas. No puede justificarse que ningún país tenga más de un 10-15%. Como sabemos, ésta es otra de las cuentas pendientes en nuestro entorno, con un numero de cesáreas injustificadas demasiado elevado. En ocasiones se supera el 25% de partos por cesárea.

* No hay pruebas de que después de una cesárea previa sea necesaria una nueva cesárea. El parto vaginal después de cesárea es una opción cada vez más segura.

* Después de una cesárea debe recomendarse normalmente un parto vaginal, siempre que sea posible una intervención quirúrgica de emergencia.

Como vemos, se trata de muchos aspectos relacionados con el periodo previo y posterior al parto, y especialmente durante el mismo. Aspectos que abarcan no sólo el cuidado físico sino también emocional, una atención global a la mujer que da a luz y a su bebé.

Afortunadamente, cada vez más centros hospitalarios y profesionales están concienciados acerca de la importancia de la atención respetuosa a un parto normal. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer para conseguir que estas recomendaciones sobre el nacimiento de la Declaración de Fortaleza se generalicen efectivamente.

adlsantos
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