Artículo: LA INTIMIDAD EN EL PARTO - EL PARTO DE LOS MAMÍFEROS

Actualmente la mayoría cree que no es posible dar a luz de forma segura sin la ayuda de todo tipo de procedimientos e instrumentos técnicos. Es una creencia hasta cierto punto lógica en una cultura que asocia indiscriminadamente tecnología a progreso, pero la realidad es mucho más sencilla.

Algunas mujeres sí pueden necesitar ayuda técnica médica -no más de un 10%(OMS)-, pero lo que absolutamente todas necesitan es intimidad, condición sin la cual el parto, un acontecimiento íntimo, no puede progresar de forma fluida.

Puede resultar paradójico que para “humanizar” el nacimiento necesitemos bajarnos de nuestro pedestal racional y asumir algo que es insoslayable: somos una especie mamífera, y eso condiciona nuestra manera de nacer. Entonces: ¿cómo es el parto de los mamíferos?

Las hembras mamíferas tienen todas un comportamiento similar: en el momento del parto se esconden, se aíslan; y no tanto para evitar el peligro de asalto de los predadores, en cuyo caso se agruparían, sino para protegerse de miradas indiscretas e intervenciones inoportunas de los individuos de la propia especie. Por ello, los mamíferos que viven de día suelen parir de noche, mientras que los que viven de noche paren de día. Cuando esta privacidad se ve alterada, o cuando sobreviene algún peligro, el parto se interrumpe, y la parturienta busca otro lugar más tranquilo: el estrés inhibe el parto. Sólo entonces el parto vuelve a reanudarse. Esta es la realidad: una mamífera no pare a menos que se sienta completamente segura

EL PARTO HOSPITALARIO
El parto hospitalario está lejos de responder a esta necesidad de intimidad y privacidad, lo que entorpece la fisiología del parto y lo convierte en una dura prueba para las mujeres. En los países con una fuerte medicalización de la asistencia al parto, la planificación de los servicios obstétricos suele revelar una profunda incomprensión y falta de respeto hacia las necesidades y dignidad de los protagonistas del acontecimiento.

La posición horizontal con las piernas abiertas, que deja los órganos sexuales innecesariamente expuestos y vulnerables, la presencia de observadores que irrumpen en la habitación o el paritorio, las órdenes a las mujeres sobre lo que deben o no deben hacer, los tactos continuos y tantos otros comportamientos invasivos no son sólo una falta de respeto, sino que constituyen auténticos factores de riesgo.

Esta falta de privacidad favorece las complicaciones médicas, al someter a las mujeres a un fuerte estrés físico y emocional que dificulta la fisiología y evolución del parto. Las hormonas del estrés inhiben la producción de oxitocina, hormona que dirige el parto, y además contraen la musculatura. Dicho de otra forma: la mujer se contrae, se cierra, y la dilatación se bloquea. La famosa comadrona Ina May Gaskin lo resume de modo magistral en unas pocas palabras: “una mirada poco amable es suficiente para que una mujer no dilate”. Por tanto, la falta de intimidad es un factor real de riesgo. Si una mujer sabe que le van a cortar su vagina (episiotomía) ¿cómo se va a abrir? ¿Cómo va su cuerpo a querer dejar salir a su bebé, si sabe que se lo llevarán de su lado? Su instinto de autoprotección y conservación le hará contraerse literalmente.


EL PARTO COMO ACONTECIMIENTO SEXUAL
Reducir el nacimiento a un evento médico ha hecho perder de vista la realidad de que el parto es un acontecimiento de la esfera sexual, y por tanto muy fácil de perturbar. Orgasmo y reflejo de eyección materno-fetal son dos reflejos espontáneos similares, que se producen gracias a un estado emocional y hormonal parecido. Y todo el mundo sabe que no se puede controlar, dirigir, forzar ni siquiera observar indiscretamente un episodio de la vida sexual sin inhibirlo. Parir un hijo es un acto de amor, consecuencia de un acto de amor anterior. Ambos acontecimientos son fuertemente dependientes del entorno en que se producen y del estado emocional de los protagonistas. El ambiente y circunstancias idóneas para uno son las mismas que para el otro.“La presencia de observadores nunca es anodina”, decía el Dr. Michel Odent.

Leilah Mc Cracken, madre de siete hijos y autora de “Resexualizing birth” lo resume de esta forma:“Si durante el sexo alguien pincha repetidamente a una mujer, mira fijamente su rostro y su cuerpo y le insta impacientemente a que tenga un orgasmo, seguro que no lo tendrá. Lo más probable es que se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una mujer no se siente lo suficientemente segura físicamente para dar a luz, si le observan y le tocan continuamente, si ve mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps, si se le dice que no puede tener un parto sin intervenciones doloras y peligrosas, no hay manera de que dé a luz; está más allá de su control consciente. Sabe que el ambiente donde está no es seguro para parir: no puede dejar que su bebé salga si ella está muy estresada o herida para cuidarlo, si ve “el carrito de torturas” esperándolo”.


ACOMPAÑAMIENTO EN EL PARTO
Una parte importante del bienestar emocional de la madre es el apoyo que recibe. Esta no es una cuestión menor: numerosos estudios científicos han constatado que el acompañamiento continuo durante el parto por una persona de su elección aumenta el bienestar de la madre, mejora los resultados de salud y disminuye considerablemente la tasa de todas las intervenciones, incluyendo cesáreas.

Actualmente, la presencia del padre en el parto ha pasado de ser una reivindicación a casi una imposición. Esto ha sido una indudable conquista …que no debería constituirse en regla fija. Muchas mujeres se han sentido mejor cuando su marido les compaña durante el parto, pero otras no.

Es frecuente que cuando una mujer no desea determinadas intervenciones el personal médico trate de convencer al marido para que –deseoso de ayudar- a su vez convenza a su mujer. Si el marido confía más en la técnica que en la naturaleza, si tiene miedo o no está en total sintonía con los deseos y necesidades de su mujer, puede dejarla sin “protección” frente a los protocolos hospitalarios en un momento muy vulnerable. Cuando una mujer da a luz en un hospital, sus necesidades pueden no coincidir con las prioridades del hospital. Dado que la mujer no está en condiciones de negociar en ese momento, corresponde al acompañante actuar de “puente” entre la mujer y el personal hospitalario, y así evitar que se irrumpa en su intimidad y se le impongan prácticas que ni necesita ni desea. Actualmente, acompañar a una mujer que pare en el hospital no se puede improvisar, requiere estar bien preparado.

La necesidad de ayudar puede hacer que las personas que acompañan a la mujer intervengan, den instrucciones o simplemente hablen a la mujer, interrumpiéndole en su “viaje interior”. El simple hecho de hablarle a la parturienta le obliga a estar en claveracional. Esto inhibe el proceso instintivo del parto, dirigido por el cerebro mamífero, e inhibido por la mente racional. Por eso el acompañante debe estar disponible, pero en un segundo plano, y comprender que el parto es un proceso lento y espontáneo, en el cual no hay nada que se pueda hacer para “resolver” rápidamente la situación, como si de un problema se tratara.

Es necesario también tener en cuenta que las creencias o sentimientos de los asistentes a un parto pueden tener un gran impacto la evolución del mismo. Si las personas presentes en el parto confían más en la tecnología que en la naturaleza, creen que el parto es arriesgado y peligroso, tienen miedo o prisa, será inevitable que eso contagie a la mujer e impregne la calidad de la atención que reciba.

Es también esencial la calidad de la relación entre la mujer y su acompañante. Siendo el nacimiento un acontecimiento involuntario y espontáneo al cual hay que rendirse y entregarse para que fluya, es necesario que la parturienta no se sienta obligada a guardar compostura alguna, que se sienta absolutamente libre y desinhibida para expresarse y actuar de la manera que sea.

Por todos estos motivos, quien acompaña a la mujer durante el parto es una cuestión de primer orden, que la mujer debe decidir sin condicionamientos de ningún tipo.


QUÉ RECOMIENDA LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD
Siendo determinantes del progreso y la seguridad del parto, la OMS da una gran importancia a los aspectos emocionales y psicológicos del parto, a los cuales dedica varios apartados de sus recomendaciones. Por ejemplo:

El cuidado del embarazo y parto normales debe:

* Ser integral y tener en cuenta las necesidades intelectuales, emocionales, sociales y culturales de las mujeres, sus niños y familias y no solamente un cuidado biológico.
* Tener en cuenta la toma de decisión de las mujeres
* Respetar la privacidad, la dignidad y la confidencialidad de las mujeres.
* Estar centrado en las familias y debe ser dirigido hacia las necesidades no solo de la mujer y su hijo sino de su pareja.
* Ser apropiado teniendo en cuenta las diferentes pautas culturales.
_________________________________________________

A tener en cuenta. Besotes!

adlsantos
 812  0

Encuentra preguntas relacionadas con el mismo tema:

Parto Salud respeto intimidad mamíferos privacidad parto

Respuestas

¡Qué pena! Hasta el momento nadie ha contestado a esa pregunta pero ¡puedes ser tú la primera!
Vaya...parece que algo ha salido mal. Por favor, vuelve a cargar la página o inténtalo de nuevo más tarde.