Doulas

Acompañar el duelo

Hace poco en una entrevista, cuando contaba mi experiencia como madre que había perdido varios bebés antes de su nacimiento y como Doula que acompaña mujeres en esos momentos, alguien se horrorizó al escuchar lo que se me había llegado a decir y me preguntó: “¿con qué tipo de gente te has encontrado tú?”.

Es una pregunta que no suele hacerse. No es la típica pregunta que se hace a una mujer que ha perdido un bebé cuando se le pregunta por su experiencia (algo que tampoco suele hacerse, todo sea dicho de paso).Y creo que también por eso es por lo que aún retumba en mis oídos.

El desconocimiento hiere

¿Con qué tipo de gente se puede encontrar una mujer que ha perdido uno o más bebés en la etapa que sea de su maternidad? Claro, nos podemos encontrar con personas más o menos sensibles, más o menos empáticas y más o menos conscientes de lo que puede suponer para una madre la pérdida de su bebé. Pero sobre todo nos encontramos con mucho desconocimiento.

La gente cuando se entera de que has perdido a un bebé se bloquea… No sabe cómo actuar. Eso no significa que sean malas personas y que te traten de dañar, sino que no saben y que tú pagas por esa falta de conocimiento o esa falta de inteligencia emocional. Quizás han tenido la fortuna de no vivir algo tan doloroso como lo que vives tú,o tal vez a ellas no se les permitió vivirlo y por ello se han convencido de que lo mejor es no darle valor ni espacio a esa vivencia, sino esconderla, hacer como si no ocurriera nada y no permitirse sentir.

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Qué decir y NO decir

En momentos de pérdida prenatal sobre todo, se dicen cosas que jamás se dirían en una pérdida de otro ser querido (sí, un bebé antes de nacer ya es un ser querido. Es nuestro hijo, el más querido de los seres que tenemos).

Cuándo alguien ha visto en un velatorio a alguien que se acerque a la viuda del fallecido y le diga cosas como:

  • Mujer, tienes que pensar que ha sido mejor ahora que más adelante, cuando le tuvieras más cariño.
  • No te preocupes, que ya tendrás más.
  • Eres muy joven, ya llegarán más.
  • Ya sabías que esto podía pasar.
  • Ahora lo que tienes que hacer es seguir tu vida y no deprimirte.
  • Tienes que pasar página.

O a una mujer que se ha convertido en viuda por tercera vez algo como:

  • Ya sabes cómo es esto, tú ya sabías que tenías mucho riesgo de que pasara.
  • Ya no es la primera vez, así que ya sabes que es cuestión de volver a intentarlo.
  • No llores, que ya sabes que son cosas que pasan.
  • Lo que tienes que hacer es no volver a intentarlo, si total ya tienes todo lo demás y esto sólo te causa sufrimiento.
  • Será que no estás hecha para esto de tener pareja.

Pues todas estas frases (y muchas más, algunas aún menos “adecuadas”) se dicen cada día en hospitales, en la calle, en la panadería, en el ascensor, en la puerta del colegio de los hijos mayores, en comidas familiares… Todas estas frases de “consuelo” son utilizadas por personas que creen que están ayudando a la mujer que las escucha, a la familia que las recibe. Que creen que lo mejor es transmitirles que no pasa nada, que todo pasa y que esto no ha tenido importancia, incluso aunque no lo crean realmente. Y esas mujeres y familias que las reciben perciben la sensación de banalización, la sensación de que no importa lo que les ocurre, de que no tienen derecho a estar tristes, a llorar, a sentir rabia, a sentirse perdidos, defraudados, engañados por la naturaleza, solos, hundidos y confusos. De que no tienen derecho a hacerse preguntas o a buscar apoyo, porque si todos les dicen que no pasa nada es porque realmente será así, ¿no?

Saber actuar, superar el propio miedo

Por eso siempre que alguna mujer, alguna familia llega a vivir esta situación y alguien me pregunta qué hacer yo siempre respondo: ¿por qué hay que hacer? ¿por qué hay que decir? ¿Por qué simplemente no podemos estar? Mostrar que estamos con ellos, que valoramos sus emociones, que les damos su espacio y su tiempo para vivirlas, que les damos su derecho a sentirlas. Que simplemente estamos allí. Ni para que su duelo sea más breve, ni menos duelo, ni para que se “curen” antes o mejor… simplemente para que nos tengan a su lado si nos necesitan y sepan que esto es así. Sin esperar que nuestra presencia cause un efecto u otro, sin intervenir… tan solo sentir.

Pero sentir nos da miedo, sentir significa dejarnos llevar, significa no controlar la situación, no razonar y a veces implica que sentimos no sólo lo de la otra persona, sino situaciones similares que hemos vivido. Por eso a veces no se trata de compasión o falta de ella, sino que nos cuesta ver que alguien sufre sin intervenir y tratar de conseguir que deje de hacerlo o al menos de mostrárnoslo. Porque hace que pensemos en nuestro propio dolor de algún modo. En nuestras propias vivencias tapadas para poder sobrevivir. Y que nos ocurra esto no significa que seamos malos o crueles o insensibles, sino que seguramente tenemos miedo sin más.

Por eso mi respuesta a esa pregunta que me hicieron en la entrevista fue: “a gente de todo tipo”. Porque todos tenemos miedo.

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoula@gmail.com
Telf: 600218964