Ser Doulas

Algo que recordar

Cuando veo videos, fotos, relatos y recuerdos partos siempre tiendo a pensar que han sido agradables y por ese motivo las mujeres y las parejas los guardan celosamente en lugares donde no se puedan dañar.

Pero a veces eso no se cumple. A veces una mujer decide de alguna forma consciente o no borrar todo recuerdo de la llegada al mundo de su bebé.  Porque no siempre este momento es agradable. No siempre es algo natural, feliz y cargado de emociones que nos hacen vivirlo más intensamente que cualquier otra cosa que haya sucedido en nuestra vida.

Malos recuerdos

Con cierta frecuencia (demasiada para lo que yo encuentro normal o deseable) conozco mujeres que han vivido su parto como una agresión, como un momento de tensión, de miedo por sí mismas y por su bebé, de violencia verbal o física que se ha quedado grabada en su interior y que se siente como una bomba de relojería que en algún momento impredecible estallará.

Como casi todo lo negativo que nos ocurre, esta sensación violenta suele llegar acompañada de una gran cantidad de personas que, con la intención de ayudar a que se anime, intentan hacer mirar a la mujer para otro lado, que las reprenden si se quejan, que las presionan para que dejen de hablar del tema y las culpabilizan por sentir como sienten. Así comienzan a enterrar sus emociones, a luchar contra ellas y a autoconvencerse de que lo que ha pasado es normal y que las que son extrañas y buscan “cinco pies al gato” son ellas.

Weitere Artikel

Manipulación por el entorno

Del mismo modo que ocurre con otras muchas cuestiones de la maternidad, la vivencia del parto es manipulada por el entorno hasta hacer creer a la mujer que todo ha estado bien y que las hormonas del posparto (esas malvadas compañeras) han decidido jugarle una mala pasada.

Una vez escuché a una mujer que le decía a otra que se quejaba de su parto: “lo que tienes que hacer es pintarte, salir a la calle y pasártelo bien por ahí con tu marido. Déjale el niño a tu madre y vete por ahí”. La cara de la mujer que recibía el consejo era todo un poema… No sólo su vivencia de parto no era válida, sino que además lo estaba haciendo mal porque ni se le pasaba por la cabeza pintarse o salir por ahí para sentirse mejor, sino que estaba con su bebé de 2 meses en el pecho, despeinada y sin siquiera una mísera hidratante que llevarse a la cara.

Juzgar un buen o mal parto

Y aquí es donde yo me pregunto: ¿quienes somos el resto de las personas de este mundo para juzgar si el parto de una mujer ha sido bueno o malo?¿quienes somos nosotros para darle o no permiso para sentirse mal?¿con qué derecho decidimos si puede o no quejarse por cómo se ha sentido en su parto? Aunque hayamos estado presentes incluso y recordemos exactamente las palabras que se le dirigieron a esa mujer durante el parto, las acciones que se llevaron a cabo e incluso las palabras que ella pronunció, ¿podemos estar seguros de que su vivencia ha sido la misma que la nuestra?

Recientemente leí un estudio que afirmaba que el hecho de que dos personas estén en el mismo sitio y vean las cosas o lo que ocurre de modo distinto es absolutamente normal debido a cómo nuestros cerebros procesan esa información que reciben. Entonces, ¿cómo podemos creernos en el derecho de juzgar cómo ha vivido una mujer su parto, que es la experiencia más intensa que seguramente tendrá jamás, la más personal, la más íntima?

Hablando de condiciones “ideales” o favorecedoras de un parto normal podemos decir si cada parto se acerca a ello o no ¿Pero son las emociones así de objetivas? Claro que no. Y las vivencias que se extraen de cada situación vital tampoco lo son. Por eso en ocasiones un parto hospitalario con excesiva intervención resulta traumático y en otras ocasiones no lo es.

Querer tener algo a recordar

A todas las mujeres nos gustaría tener algo hermoso, algo para recordar de nuestro parto. Pero en ocasiones cerramos con llave la caja de los recuerdos porque nos cuesta demasiado mirar dentro y parece que nadie podrá ayudarnos a girar esa llave, que nadie nos apoyará mientras lo hacemos.  Sin embargo, hay muchas mujeres que lo acaban haciendo, que acaban necesitando sacar la llave y abrir la caja. Aunque nunca se sabe cuando llegará ese momento, llega con frecuencia.

Así se acercan muchas mujeres a su segundo parto: sin haber integrado las vivencias del primero, sin ser conscientes de todo lo que hay en esa caja cerrada con llave, pero con un impulso irrefrenable de abrirla para sacar los recuerdos y rebuscar entre ellos. Y así se encuentran en muchas ocasiones con sus doulas, quienes las acompañamos en la decisión de abrir o no la caja, de digerir o no lo ocurrido y, si lo desean y consiguen encontrarlo,  de conseguir ese ansiado recuerdo que desean tener.

Porque toda mujer debería tener algo para recordar de sus partos y nadie debería quitarle el derecho a buscarlo.

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoula@gmail.com
Telf: 600218964