Doulas

Carta a los reyes magos

Hace poco hablaba con un ginecólogo conocido (y conocido ginecólogo) sobre la situación de la maternidad en nuestro país. Comentábamos la necesidad de reciclaje del sistema, los pasos que se están dando desde el Ministerio de Sanidad (en 2008 quedó publicada la Estrategia de atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud: www.msc.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/estrategiaPartoEnero2008.pdf) y desde las Comunidades Autónomas para normalizar la atención al parto y reducir las intervenciones innecesarias. También comentábamos la forma de pensar de las futuras madres que nos encontrábamos ambos y la paradoja que veíamos en algunas de ellas.

Y sobre eso me he puesto a reflexionar en la tarde de ayer. Ahora que se acercan las fiestas navideñas, que todos nos volvemos locos con las compras, los regalos, los menús para las cenmas y comidas de navidad… Ahora que muchos dejaremos las tarjetas de crédito temblando y que salir a la calle sin ver a alguien con varios paquetes de regalos bajo el brazo o contratando viajes para los puentes, las navidades, el año nuevo o la festividad de los reyes. Ahora es cuando cobra más fuerza la paradoja a la que nos referíamos.

Me explico: comentábamos este ginecólogo y yo que las compras para el bebé, los gastos en ropita, muebles nuevos, la sillita de última generación, los zapatos que el bebé no gastará porque no sabe caminar, el último y más moderno vigilabebés (¡hasta nos avisa si cambia la respiración del bebé!), la hamaca más moderna con movimiento, la canastilla con mil cremas que no sabemos ni si le irán bien a su piel, los 200 peluches que no usará hasta dentro de mucho tiempo, el conjunto de serón y minicuna que usará durante menos de 6 meses porque luego no cabrá dentro, la bañerita con hidromasaje, el termómetro que cambia de color cuando el agua está demasiado fría o caliente, los chupetes, bolsas, mantas, cambiadores, zapatos, camisetas y demás ajuar personalizado… Todo eso parece ser muy importante para el bienestar del bebé. Prioritario. Imprescindible.

Y repasábamos todas esas compras de un modo casi humorístico porque en realidad todos esos extras serán más o menos necesarios, más o menos cómodos, más o menos discutibles en su utilidad. Pero la única verdad es que para tener un bebé feliz y sano lo que es imprescindible al 100% no es nada de eso, sino una madre sana, feliz, conectada… Unos padres realmente conscientes de la individualidad y las necesidades de su bebé. Eso es lo único que de verdad necesita.

Así que se produce algo que nosotros encontrábamos muy paradójico: los futuros padres, guiados por la cultura de la publicidad y nuestra tendencia a crearnos necesidades irreales, se vuelcan en esa vorágine de compras, de artilugios que no saben si su bebé querrá o necesitará porque alguien les dice que son necesarios. Que son imprescindibles: “¿cómo no le vas a tener al niño sus zapatitos para cuando nazca?”. Ésa recuerdo que fue una pregunta que me hicieron  cuando nació mi hija (niña que nació en pleno verano y que, por supuesto, no calzó zapato alguno hasta que realmente mostró deseos de posar sus pies en el suelo y el frío empezaba a hacer aparición, puesto que se mostraba muy feliz de tener sus pies libres)

Todas esas necesidades, como digo, nos las creamos nosotros. Nos las crea nuestra sociedad, cuya máxima es: “tanto tienes, tanto eres”. Pero no son necesidades de nuestros bebés. Jamás he visto a un bebé llorando ante un escaparate para que su madre le compre ninguna de esas cosas que tan imprescindibles parecen ser ¿Vosotros sí? Sin embargo, sí he visto llorar a bebés cuyas madres estaban desesperadas porque no sabían cómo iba a ser esto de la maternidad y se sentía superadas, sí he visto llorar a bebés que necesitaban ser sacados de sus sillitas de última generación para que sus madres les dieran un abrazo, y he visto llorar bebés cuando sus propias madres no lloraban lo que les ocurría porque no querían reconocerlo. Pero nunca por necesitar que les compraran algo de esas maravillosas listas de : “Productos imprescindibles para tu bebé”.

Con todas estas compras, los futuros padres cubren una necesidad falsa creada de modo artificial pero hay, como comento, otro tipo de necesidades que sí son reales. Cuando vamos a ser padres no es que se nos vaya a cambiar la vida, sino que vamos a cambiar nosotros y, por consiguiente, tendremos otra vida. En esa vida tendremos que ceder un espacio muy amplio a nuestro bebé. Tan amplio que a veces sentiremos que no nos queda nada para nosotros. Prepararse para algo así sí que es importante. Tener un parto con un profesional en el que confiemos y que nos atienda como queremos, vivir un embarazo en el que trabajemos nuestras emociones, en el que trabajemos nuestras expectativas, en el que trabajemos nuestras experiencias pasadas y la influencia que puedan tener a la hora de criar a nuestro bebé… Eso sí que es necesario. Porque eso hará que lleguemos mucho más preparados al nacimiento de nuestro bebé. Mucho más conscientes y, por tanto, más dispuestos a abrir nuestra alma para convertirnos en mamás. Para ayudar a nuestro bebé a ser feliz. Para amarle, cuidarle y entenderle. Y para que nuestra pareja (si la tenemos) integre a ese bebé de un modo natural y se pueda convertir en una pareja feliz con un hijo feliz.

Por eso yo os propongo una cosa a todas las futuras mamás y papás: en la carta a los Reyes Magos de este año, en la que seguramente pedís alguna cosa para vuestro bebé, replanteaos si es más necesario lo que pedís o que vuestro bebé llegue al mundo con unos padres preparados y conscientes de lo que es tener un bebé. Porque si decidís que es mejor emplear ese regalo en vosotros para que revierta en vuestro bebé, los Reyes os harán un doble regalo.