Doulas

La digestión de la boa

No, no es que vayamos a hablar hoy de zoología. Pero sí que es cierto que muchas veces pienso en esa imagen de El Principito. Esa en la que aparece la serpiente que se ha tragado el elefante. Yo siempre he pensado al verla: pobre elefante, pero pobre serpiente también.


Pienso mucho en esta imagen no porque relea el libro, sino porque el hecho de estar digiriendo algo demasiado grande para nosotros es algo que el ser humano hace constantemente.


Un ejemplo claro es el posparto de muchas mujeres. Ocurre en ocasiones que ese momento llega “sin avisar”. Nos han avisado de todo lo incómodo que podemos sentir en el embarazo, a nuestros oídos han llegado cosas sobre el parto (sobre todo sobre el parto hospitalario) pero sobre el posparto… ¿sobre ese momento qué cosas han llegado a nosotras? Que tenemos que elegir si darle pecho o no a nuestro bebé, que sangraremos unos días, que tendremos puntos… y que es muy posible que tengamos depresión posparto. Eso es todo en la mayor parte de los casos.


Y de eso que nos dicen… de eso que nos dicen habría mucho que hablar. Sin embargo, aquí no vamos a desgranar las posibles vivencias de una mujer en posparto de una en una (eso merecería varios artículos o libros enteros), sino que hablaremos del conjunto.

El posparto

Muchas mujeres cuyos bebés ya tienen unos meses y ya no demandan tanto tiempo, espacio y dedicación plena como al principio, de repente sienten una oleada de emociones que llegan a ellas. A otras muchas les ocurre cuando los bebés ya tienen uno o dos años. Y a algunas mucho más adelante o en pleno posparto inmediato ya les empieza a ocurrir.


Que estas “oleadas” lleguen en un momento u otro no es más que la diferencia entre tiempos de digestión de cada mujer. En ocasiones alguien vive un momento que marcará su vida y no lo procesa hasta años más tarde. Y el nacimiento de nuestros hijos es un momento  que marca mucho, muchísimo.


Incluso en el caso de embarazos deseados, llevados con salud y sin sobresaltos; partos como los que esperábamos, inicios de crianza tranquilos y sin sustos ni grandes dificultades y entornos acogedores y que saben apoyar a la mujer y la familia, hay una digestión que hacer. Y esas mujeres se llevan una sorpresa cuando un día se dan cuenta de que no se sienten bien. No entienden qué ocurre: “¡si esto es lo que quería!”, se dicen perplejas. Y, como la sociedad muchas veces ya no las considera en posparto (y si lo hiciera les diría que tienen depresión y les diría que es normal, ofreciéndoles fármacos en la mayor parte de los casos), ellas avanzan. Sin saber muy bien qué ocurre, simplemente siguen adelante con ese agujero que es posible que aumente día a día y que ni se les reconoce el derecho a tener.


En los casos de embarazos no deseados, vividos de modo estresante, con partos complicados, incluso con pérdida del bebé en el embarazo, parto o posparto, con comienzos de crianza difíciles y entornos sin muestra alguna de apoyo, este posparto puede convertirse en una bola alimentada con cada una de las etapas. A la que se van sumando una tras otra las dificultades, los momentos tensos vividos, las emociones que quizás no hemos podido sacar adecuadamente…

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Puede ocurirnos a todas

En todos los casos (con una maternidad “ideal”, con una “complicada” y con todas las intermedias que se nos puedan ocurrir) la mujer ha desencajado sus mandíbulas para hacer lo que le correspondía en ese momento: “tragar”. Pero eso no significa que desaparezca mágicamente lo que ha tragado. Eso jamás ocurre. De hecho, las cosas que no procesamos, las que no digerimos, son las que se convierten cada día en algo un poco más grande; las que nos hacen sentirnos mal, no avanzar. Y siempre en algún punto comienza el proceso de digestión. Y ese proceso a cada una de estas mujeres les puede llevar un tiempo distinto.


Muchas veces no dependerá de qué haya ocurrido, sino de cómo se haya vivido. Así que un embarazo “complicado” no implica que vayamos a tener peor posparto que otra mujer con un buen embarazo ni viceversa. Significa que tenemos vivencias distintas y que tendremos que utilizar las herramientas precisas (internas y externas) para procesar esas vivencias y que no se conviertan en un lastre para nosotras.

Un poco de ayuda

Para ello primero hemos de reconocer que están ahí, que necesitamos hacer algo con ellas, que nos están obstaculizando y saber que existen ayudas: grupos de apoyo presenciales y virtuales, doulas, incluso psicólogos o psicoterapeutas si son necesarios. Y darnos el permiso para buscar esas opciones, para aprovecharlas en nuestro beneficio, para elegir las que mejor nos puedan ayudar en la digestión de todo eso que nos hemos tragado de algún modo y que sigue ahí, pesándonos dentro.


Y, como siempre ocurre con estas cosas, al abrir la caja en la que se encuentran todas esas cosas que nos pueden ayudar; al liberarnos y darnos permiso para reconocer que necesitamos hacer nuestra propia digestión, seguramente otras mujeres verán que es posible y, sin pretenderlo, las ayudaremos a reconocer esa figura de “elefante” que se adivina dentro de ellas, atascada, haciendo que no puedan ni moverse. Y a darse cuenta de que no es algo que tenga que estar ahí, sino que se puede hacer mucho para liberarse de ese peso.

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoula@gmail.com
Telf: 600218964