Doulas

Lo que de verdad importa

Cada día nacen niños. Cada día madres y padres reciben a sus bebés en todo el mundo de la mejor manera que saben y pueden. Cada día aumentan las familias y se llenan de ilusión con la llegada de nuevos miembros. Cada día mujeres dan a luz y llevan en el pecho a su bebé, su amor, su ternura, su ilusión… y la vivencia de la llegada de su bebé.

Aunque la llegada de un bebé, debería ser siempre un momento de felicidad plena, de fuerza plena de una mujer, de energía infinita de esa mujer y de realización. Lo cierto es que cada mujer vive su parto de un modo distinto.“No existen dos partos iguales”, dicen muchos profesionales sanitarios dedicados a la maternidad. Y esto es algo lógico, puesto que un parto es una conjunción de elementos que trabajan en armonía para llegar a ese momento único del nacimiento del bebé. Cuentan, está claro, la mamá y el bebé como protagonistas absolutos, cuentan las vivencias y experiencias de la madre, el entorno que forma la unión del lugar, el personal sanitario, los conocimientos y medios o herramientas de ayuda que tengan y el/los acompañantes de esa mujer, cuentan los conocimientos que tenga la mujer sobre su propio cuerpo y la fisiología del parto, su estado emocional y, por supuesto, el estado físico entre otros muchos factores. Todo ello cuenta a la hora de que el parto evolucione, de que se produzca de un modo fisiológico, de que se lleven a cabo intervenciones médicas en el parto... Pero también cuenta todo ello a la hora de que la mujer valore su parto inmediatamente o pasado un tiempo como una experiencia positiva o negativa no sólo por el resultado, sino por la vivencia que ha guardado en su interior respecto a su parto.

Pasado el parto, llegando la mujer a casa con el bebe, la actitud general suele ser que ya todo está bien. Que si la mujer está más sensible será una depresión posparto, que si ella y su bebé están sanos no hay nada que pensar respecto al parto porque todo está bien. La mayor parte de las madres que se atreven a esbozar la más mínima queja sobre su parto acaban escuchando la misma frase: “lo que de verdad importa es que los dos estáis bien”.

Pero ¿cuando alguien dice esa frase realmente se da cuenta de la carga de significado que tiene? Es decir, lo primero que estamos haciendo es minusvalorar las emociones que una mujer tiene sobre su vivencia. Le transmitimos que realmente esos sentimientos no tienen sentido, que no debería tenerlos. Pero no nos quedamos ahí porque, además de no darle importancia a esas emociones, le estamos comunicando que no tiene derecho a tenerlas porque lo que de verdad importa no es lo que sienta respecto al parto, sino que el mismo “ha ido bien”. Es decir, le estamos quitando legitimidad a los sentimientos de una mujer sobre su propia vivencia. No estamos cuestionando su opinión sobre la economía de libre mercado, sino que le estamos arrebatando su derecho a sentirse mal por su propia vivencia. ¿Qué derecho tenemos? Ninguno.

Cada parto es diferente, sí, pero incluso en el supuesto caso de que hubiera dos partos exactamente iguales en cuanto a la parte meramente física, no existen dos personas iguales, así que las vivencias de esos partos nunca serían las mismas. Incluso en una mujer que da a luz varias veces aunque sus partos sean similares siempre los vive distintos. Y esto es porque en cada momento esta mujer es “diferente” a todos los niveles.

Sólo entendiendo esto que a priori parece tan básico y sencillo pero que parece costar entender en general, seremos capaces de comprender que hay mujeres cuyos partos les causan tal trauma que deciden no volver a tener hijos, o incluso no volver a tener relaciones sexuales, o no volver a entrar en un hospital, o no poder ver una bata de personal sanitario, o no conseguir siquiera bañar a su bebé o darle el pecho por temor a vincularse con él, a revivir esa experiencia que las ha dejado traumatizadas.

Todos sabemos que una experiencia traumática puede tener mil caras distintas a la hora de manifestarse, mil consecuencias que se pueden presentar incluso años más tarde, cuando ya nuestra mente se ha encargado de tapar el agujero de nuestra preciosa muralla de protección para que podamos seguir adelante a pesar de lo que hemos vivido.

En nuestro país existen profesionales que ayudan a las mujeres que pasan por ello. A mujeres que meses después del nacimiento de sus bebés siguen sintiendo un vacío, un dolor emocional, un estrés, una culpa incluso, que no logran identificar pero que no es más que la sombra de su parto alargándose para taparlas y oscurecer sus vidas y las de sus bebés. Pero son muy pocos todavía. Grupos y asociaciones como El Parto es Nuestro, Vínculo Apoyo Posparto y Escuchando con el Corazón vuelcan sus esfuerzos en estas mujeres, en que tengan un vehículo para expresarse, en que puedan contar su historia por algún medio, expresar sus emociones, sus temores, sus rabias, sus culpas y todo lo que deseen y necesiten expresar para sentirse de nuevo parte de eso que importa de verdad, para afrontar y enfrentar lo que les ocurre para poder trabajar con ello para su recuperación. Para borrar de sus historiales ese diagnóstico de depresión posparto típica. Para recuperar sus vidas, sus cuerpos, sus emociones… a sus bebés.

Porque sí, finalmente la afirmación es correcta si la modificamos un poco y la hacemos en el contexto oportuno: “lo que de verdad importa es que los dos estéis bien”.

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