Doulas

Nuestro propio idioma

Cuando vamos a tener un hijo todo nuestro entorno cercano y no cercano se centra en explicarnos lo complicado que es esto de la maternidad, en mostrarnos lo difícil que es criar a un hijo, entenderle y saber qué es lo mejor para él o ella. Todas las madres y padres tienen en algún momento la sensación de que no sabrán qué deben hacer con ese pequeño ser que se convertirá en el centro de su existencia y que no sabe comunicarse del mismo modo que los adultos.

Nos centramos en buscar “soluciones” a los posibles llantos, algo que nos indique lo que quieren decir. Incluso “inventamos” máquinas que descifren qué significa el llanto de los bebés en cada momento. Les hablamos como si fueran seres de otro planeta o bien no les hablamos porque como realmente no nos entienden… ¿para qué hacerlo? ¿Pero de verdad nuestros bebés y nosotros estamos condenados a no entendernos? ¿Realmente no existe modo alguno de comunicarnos? Evidentemente un bebé no puede entender lo que es un enchufe y para qué sirve, lo que es un alquiler o una hipoteca, lo que significa el dinero y para qué sirve… Pero eso no quiere decir que no podamos transmitirles cosas. Sólo que debemos hacerlo de otro modo.

Un bebé viene de pasar toda su vida en contacto constante consigo mismo y con el útero de su madre. En contacto con el líquido amniótico que le rodeaba. Escuchando los sonidos del cuerpo de su madre y las palabras que ésta pronunciaba a través de ese mismo líquido. Y también las de algunas de las personas que rodeaban a su madre. Son los dos sentidos que ha utilizado más para recibir información durante su gestación y, de repente, toda esa información se vuelve desconocida.

El tacto se reduce la mayor parte del tiempo al de la ropa que les ponemos y los sonidos empiezan a llegar de muchos lugares diferentes y de un modo menos amortiguado. Y, de repente, el resto de los sentidos también envían mucha información más de la que solían enviar dentro del útero materno.

Por eso el seguir manteniendo una forma de comunicación basada en el tacto es fundamental para ellos. Su piel es el mayor órgano que tienen y a través de ella sigue llegándoles mucha información. Claro que no se trata de información como la entendemos los adultos, sino más basada en sensaciones.

Instintivamente muchas madres dedican horas a mirar a su recién nacido, olerle, tocarle y decirle palabras o cantarle canciones que le cantaban durante el embarazo. Este instinto hace que mantengan el contacto con su bebé y que, a través de este contacto, se reconozcan mutuamente y se establezcan los primeros lazos emocionales entre ellos en el mundo exterior. Son momentos casi mágicos, en los que unas pocas palabras o sonidos y el contacto mutuo producen muchas sensaciones. Y las sensaciones son también un modo de comunicarnos, de hecho son un modo universal de comunicarnos. El más universal que existe.

Pero las exigencias sociales y laborales suelen dejar poco espacio para momentos así. Se nos exige estar volcadas en volver a la sociedad, volver al trabajo y dedicarnos a cuestiones mucho más prácticas que dejan de lado ese momento emocional y mágico que nos brinda el contacto con nuestro bebé. Y ya no digamos las exigencias que se plantean si esa madre tiene más hijos que, evidentemente, precisan de atención también. Por eso muchas madres necesitan reservarse un espacio para el conocimiento y el disfrute mutuo con su bebé a través de diversas actividades. Y muchas eligen el masaje. No sólo es bueno para su relación con el pequeño, sino para el desarrollo del bebé, tanto a nivel emocional y afectivo como a nivel físico. Cuando damos un masaje a nuestro bebé le estamos transmitiendo mucha información con nuestras manos. El amor, la ternura, la confianza, la atención que le damos en ese momento llega a él o ella y le ayuda a sentirse tranquilo, seguro y querido. Además, los movimientos de casi todas las técnicas de masaje les ayudan tanto a relajar como a tonificar la musculatura y convierte ese momento en algo que también les da bienestar físico.

Existen muchas técnicas de masaje para bebés. Cada madre/padre y bebé han de encontrar los momentos y las formas para llevar a cabo la que resulte ideal para ellos. Pero todas se convierten en un momento especial de conexión y amor que les ayuda a disfrutar un poco más juntos. Cada familia ha de encontrar su propio idioma.

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