Ser Doulas

¿Pena? No, gracias

Vivimos en una sociedad donde las circunstancias negativas se ocultan, donde a casi todos nos es mucho más fácil mirar para otro lado y no ver lo doloroso que nos rodea porque nos recuerda todo el dolor que llevamos con nosotros pero que no hemos atendido.


En una sociedad en la que ver llorar a alguien nos produce un cierto rechazo o, como mínimo, incomodidad. Nos alejamos, miramos para otro lado con nerviosismo y tendemos a sentir lástima por quien llora, pena; pero pocas veces comprensión o empatía.

El dolor que paraliza

Cuando una madre o un padre pierden a su bebé y muestran su dolor por la pérdida están no sólo en su derecho como personas de vivir un duelo por ese pequeño que no estará con ellos como habían imaginado, sino también en su derecho de ser valientes, mirar hacia dentro y negarse a cumplir con las exigencias sociales que les piden constantemente que se repongan, que miren para otro lado, que no revisen lo que sienten, que no lo expresen y que no se “paralicen en el dolor”.

El dolor que paraliza es aquel que no se afronta, aquel que no se procesa, el que no se gestiona para convertirlo en un aprendizaje que nos haga crecer. El dolor reconocido, expresado, trabajado personalmente desde la valentía que implica confesar que ese dolor está ahí, que nos hace estar tristes, no entender lo que nos ha pasado, incluso sentir cierta rabia o indignación ante una situación que no consideramos justa, el dolor que somos conscientes de que tenemos, el que enfrentamos, no nos deja paralizados. Reconocerlo ayuda a avanzar, nos ayuda a aprender cosas de nosotros mismos y a reflexionar sobre algunas circunstancias que jamás nos hubiéramos imaginado en otros momentos de nuestra vida.

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Pena en lugar de comprensión

¿Qué necesitan las mujeres y familias que pasan por este dolor? ¿Por qué han de justificar la valentía de reconocer, afrontar y expresar sus sentimientos?¿Por qué se les niega sistemáticamente el espacio y el tiempo para hacerlo?¿Por qué se les trata con pena y no con comprensión?
Cuando sentimos pena por alguien nos ponemos por encima de esa persona del modo que sea; nos sentimos en una “mejor situación”, sea cual sea la circunstancia en la que nos encontremos realmente. Porque cuando es otro el que llora, es otro el que está mal o, al menos, peor que nosotros, que no lloramos.


Es ese otro el débil, el que necesita compasión, el que no ha encontrado la energía para llevar sus experiencias de otro modo “más fuerte”, más entero, más valiente. Es otro el que no es capaz de enfrentarse a su vida o a lo que le está ocurriendo y por ello llora. Y solemos decirle que no llore más. Lo hacemos con adultos o con niños, indistintamente.

Llorar es sincerarse con un mismo

Pero yo me pregunto: ¿es realmente débil el que llora?, ¿es cobarde el que muestra su pesar o su emoción por algo o alguien?, ¿tiene menos herramientas para afrontar la vida quien decide o no puede evitar llorar ante algo que le ocurre?


En mi experiencia como madre que ha perdido varios bebés y como Doula que ha acompañado y acompaña a otras madres y ayuda a formarse a otras Doulas niego que esto sea así. Niego que quien es capaz de ser honesto consigo mismo y con los demás, escuchar sus emociones, ser coherente con lo que siente y expresarlo sea débil, cobarde o carente de herramientas. Quien asume sus emociones, mira dentro de sí mismo, acepta su dolor, su tristeza, se da permiso para expresarlas y lo hace de un modo absolutamente consciente es valiente. Es muy valiente. Y más en la sociedad en la que vivimos, en la que cualquier tipo de duelo tiene fecha de caducidad y algunos no están ni legitimados siquiera.


Quien es capaz de ser sincero consigo mismo y no mentir diciendo que está bien cuando no lo está, que busca su camino para elaborar el proceso que necesita, busca incluso apoyos personales o profesionales y comprensión no busca pena. Porque no es pena lo que necesita. No es la lástima lo que le va a apoyar y ayudar en su proceso, sino que se convierte en un escoyo más.

Comprensión en lugar de pena

Por eso yo pido que cuando cualquiera de nosotros nos encontremos con una mujer o una familia que siente tristeza por un bebé que no ha llegado a sus brazos o ha estado en ellos y se ha ido antes de lo que les hubiera gustado a todos no miremos para otro lado. Miremos dentro de nosotros, busquemos dentro de nosotros mismos la comprensión que nos gustaría que nos ofrecieran si nos sintiéramos así de mal. Y se la ofrezcamos si la necesitan.


A veces esa comprensión será solo escuchar, otras un simple gesto de cariño, otras dejarnos vencer por las emociones y llorar con ellos… Pero nunca será lo que llegue desde la pena.

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoula@gmail.com
Telf: 600218964

http://serdoulas.blogspot.com/