Respetar el nacimiento

El nacimiento, nosotros y el mundo…

Muchas etapas nos pueden tocar vivir, muchas experiencias que acumularemos y que podrán coincidir o no con las experiencias de otras personas porque a veces nos sorprendemos al comprobar que hemos vivido cosas muy similares a las que otras personas han vivido. Incluso durante esa parte de la vida tan olvidada que es nuestra etapa dentro del útero de nuestras madres, en la cual vivimos experiencias a través de ella, compartidas con ella. Todo ello puede coincidir en algunas cosas y en otras muchas no…


Sin embargo, hay dos experiencias que todos hemos vivido, que forman parte de lo que todos y cada uno de nosotros somos: nuestra implantación en el útero de mamá y nuestro nacimiento.


Nuestra implantación significa nuestra anidación, nuestro momento de dejarnos cuidar, alimentar, acunar y mimar por mamá para poder iniciar nuestro crecimiento y desarrollo. Esa es la gran experiencia, el inicio real de todo, junto con la concepción… Y todos hemos vivido la nuestra. Más o menos dificultosa. Y es una experiencia de la cual no tenemos referencias exteriores ni recuerdos conscientes… Tan sólo quizás recuerdos “biológicos”… quizás…


Y la otra gran experiencia compartida es nuestro nacimiento. Todos hemos nacido. Del modo que sea, pero hemos salido al mundo exterior. Y este ha sido el inicio social y público de nuestras vidas. De él es posible que tengamos referencias externas, relatos que nos hayan contado nuestras madres o padres, o que recibamos de otras personas a quienes ellos se lo contaron. Pero estos relatos, más o menos exactos, corresponden a su vivencia, a la de quienes estaban allí… La vivencia de todos excepto la nuestra…

Parto y nacimiento

El parto de mamá visto por los ojos de mamá o papá es lo que llega a nuestros oídos. O nuestro nacimiento visto y vivido por mamá o papá. Pero… ¿qué ocurre con nuestro nacimiento, o más bien con nuestra vivencia del mismo? ¿Lo conocemos? ¿Podemos intuir de algún modo lo que sentíamos en ese momento? ¿Cómo de importante es nuestro modo de llegar al mundo para nosotros y quienes fuimos como bebés, como niños o como adultos… o como madres y padres? ¿Cómo puede llegar a influirnos?


Sin entrar en nombrar estudios, ensayos o autores de libros diversos que han dedicado sus esfuerzos a iluminar este tema, podemos imaginar un poco todo esto simplemente usando la lógica.

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La consciencia empieza antes del nacimiento

Lo primero que hemos de hacer es recordar que no comenzamos a vivir, y por tanto a acumular experiencias y desarrollar nuestras reacciones a las mismas, en el nacimiento. Sino mucho antes. Esto significa que el nacimiento no es sólo una bienvenida, sino también una gran despedida de todo lo que hemos conocido hasta ese momento de nuestras vidas. Una despedida del que era nuestro hogar, de nuestras rutinas y modo de vida, de esa persona que nos acompañaba en cada segundo y nos hacía sentir su presencia, de nuestro alimento, incluso de nuestro modo de oxigenarnos… de nuestro ser dentro del útero: calentito, acunado, cuidado, protegido, a oscuras y apenas sin ruidos…
De todo ello nos despedimos. Y nos despedimos sin entender el motivo por el que lo hacemos… sin tener herramientas para comprender lo que sucede. Simplemente, nos dejamos ir… porque es como debe suceder…

Un cambio consciente o inconsciente

Cuando un adulto se muda de ciudad, cambia de vida, de costumbres, de entorno… Si esta decisión es tomada por el adulto puede asumirla como tal, como decisión propia, como una forma de mejorar quizás o de solucionar algo… Pero como decisión propia… Sin embargo, ¿qué pasaría si a nosotros, adultos, nos “arrancaran” de nuestra casa, de nuestro alimento, de nuestro entorno seguro? Sin explicaciones, sin posibilidad de decidir… Y, aunque de algún modo sintiéramos que teníamos que dejar ese hogar… ¿cómo nos sentiríamos? Seguramente con inseguridad, quizás con cierto miedo o nervios…


Pero… qué pasa si llegamos a nuestro nuevo hogar y nos reciben personas que ni entendemos ni conocemos, que nos tratan con rapidez, sin detenerse a pensar lo que sentimos, nos hablan en lo que a nosotros nos parecen gritos usando voces que jamás hemos escuchado antes, nos quitan nuestro oxígeno antes de que sepamos respirar el nuevo aire de nuestro hogar recién estrenado, nos manipulan y nos alejan de la única persona en quien confiamos, a quien sentimos conocer… ¿Qué ocurre entonces?

Llegar al mundo

¿Cómo será nuestra llegada al nuevo hogar en este caso? ¿Cómo nos sentiremos llegando de ese modo? ¿Nos sentiremos seguros o tal vez inquietos y vulnerables? ¿Cómo se pueden sentir los bebés recibidos en este nuevo mundo de ese modo? ¿Cómo puede ser su relación con este mundo y quienes lo habitan tras una llegada como esa? ¿Qué han aprendido en esa llegada los bebés? ¿Han aprendido que pueden confiar y estar seguros de que se les permitirá adaptarse a su ritmo? ¿Han aprendido que en este mundo se respeta a los demás? ¿Cómo puede ser nuestra reacción de niños y de adultos hacia los cambios o las posibles situaciones estresantes tras esta primera experiencia de despedida de un mundo y llegada a otro acompañada con tan poco respeto por nuestras emociones y necesidades?


Esta experiencia, que todos compartimos, marca, enseña, define… Si comenzamos respetando a las personas que llegan a este mundo, quizás sientan que son respetados, lo consideren como algo normal, como lo que debe ser… y las personas empecemos a respetarnos más unas a otras. ¿Lo intentamos?

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoula@gmail.com
Telf: 600218964

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